Ha accedido a los Lalá Miolac archivos del weblog de Septiembre, 2008.
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Archivo para Septiembre 2008
Una perla periodística
29. Septiembre 2008 por Lalá Miolac.

Tras un agradable fin de semana de relajación en las montañas, me disponía a día de hoy, y haciendo pausa de las tareas de trabajo, a dejaros un interesante post sobre mi última pequeña obsesión, al final el tema está teniendo más trasfondo de lo que pensaba, así que tendré que posponer para tener tiempo de documentarme.
Pero para no abandonaros con las manos vacías, quería dedicar un breve, pero no menos importante consejo para recomendaros un libro que leí hace algunos meses, y que cuenta con un pequeño punto en contra: por lo que sé, su autor, hasta el momento publica sólo en italiano. Para los que lo domináis, no lo dejéis pasar, para los demás, pensamiento positivo para que se traduzca algún día.

El libro en cuestión se llama «La scomparsa dei fatti» (en nuestra lengua, la desaparición de los hechos) de Marco Travaglio, periodista italiano al que también podéis encontrar en el blog de Beppe Grillo, que también os recomiendo (además de que este cuenta con versión en inglés, asequible a millones de almas que pueblan el globo). Travaglio realiza un periodismo certero y de puntería finísima discutiendo diferentes aspectos de la realidad informativa italiana, y es en esta disciplina, uno de los pocos que consigue no resultar nunca de parte y ser crítico tanto con la izquierda como con la derecha, sin que el color de la bandera política repercuta mínimamente en su análisis escrupuloso.
El libro ya destaca en ironía con un subtítulo que reza: se ruega abolir las noticias para no molestar a las opiniones. Y así, el libro desgrana poco a poco como los medios de comunicación en la actualidad tienden a distorsionar la realidad a través de los hechos que la componen, para provocar en la población determinados estados, opiniones y actitudes. Habla, en general, de la política italiana, pero casi todos los conceptos desarrollados son facilmente extrapolables a la mayoría de las sociedades de este mundo globalizado nuestro, que vergonzosamente sigue los mismos patrones, sobre todo en lo que a poderes y manipulaciones se refiere.
Así, dice Travaglio, a nuestros políticos les conviene mantenernos al oscuro de las verdades de sus tejemanejes, y nos venden sentencias de inocencia por lo que en realidad son prescripciones de delitos; situaciones no verificables por sobornos realizados a la persona adecuada, o abogados comunistas, por abogados que no aceptan chantajes… Si, señores, en este mundo en el que la palabra funciona como la estadística, es decir, que sirve a validar cualquier tipo de afirmación, estamos perdidos si quien emite la frase tiene la capacidad controlar lo que pensamos o conocemos de la realidad.
Que les voy a decir sobre una Italia en la que el presidente de gobierno detenta el 98% de la información en circulación. ¿Cómo se puede el pueblo italiano oponer al monopolio de la información? La pluralidad informativa no viene así garantizada por el propio sistema de la información, sino que la misma debe ser completada por el usuario. Si, lo sé. Todos los sistemas tienen fallas, y lo ideal sería que cada uno tuviera un marco sobre el que elaborar la propia concepción de los hechos. Lo cierto es que en Italia, difícilmente se encuentra, más allá de algunos personajes a los que por decir la verdad se les saca de los medios, se les censura o se dificulta la distribución de sus escritos, una información libre o que admita diversidad de enfoque.
Hablamos de un país que tiene uno de los más bajos índices de lectura de periódicos, que en el sur encuentra todavía considerables cifras de analfabetismo, y que sin engañarnos demasiado, tras tres años de gobierno Prodi, ha vuelto a elegir a Berlusconi. Si quieren pautas para afrontar al gigante signo de interrogación que imagino impreso en sus pupilas, no duden en abrir el maravilloso libro de Travaglio.
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God bless the democracy
25. Septiembre 2008 por Lalá Miolac.

En esta ocasión, y tras consultar mi lista de post pendientes, me decido por uno que bordea, de puntillas y equilibrándose con los brazos como espectacular funámbulo, la delgada línea roja entre la teoría y la visión subjetiva. En estos tiempos de ideologías que se apagaron como los colores del anuncio de Micolor, en épocas de hogueras de vanidades, las elecciones norteamericanas se presentan como un Operación Triunfo revisado donde en vez de discos (y sin que en realidad estos queden excluídos) se hacen galas con banderas a la espalda, se entonan himnos para sustituir el último hit de Ricky Martin, y se gana; en fin, que las diferencias son pocas, aunque en el fondo hablemos de algo bien distinto en juego: el poder de conducir una nación, que a día de hoy mira al mundo como si de un gran tablero de ajedrez se tratase.
Como soy de las que piensa que las cosas para poder razonarse, deben previamente conocerse y analizarse, con más de un mes de antelación (las elecciones se celebrarán a principios de noviembre), les propongo una breve revisión del sistema electoral norteamericano. Teórico, ya lo decía al principio, subjetivo, porque en estas cosas, la valoración es inherente a la selección de palabras que se enlazan a lo largo de mi redacción.
Pues bien, una de las principales características del sistema americano (en jerga constitucional denominado «presidencialista») es que todas las funciones relacionadas con el ejecutivo vienen directamente identificadas con el presidente del estado. Cuestión un tanto paradójica, ya que como podremos observar en breve, dicho representante institucional ni siquiera viene votado de forma directa por parte del electorado. Otro de los aspectos de gran interés, sobre todo desde el punto de vista del análisis comunicativo, es que la campaña electoral norteamericana, o mejor dicho, el desarrollo de todos los pasos que llevan hasta el día de la votación final, tienen una duración de un año. Un año en el que la efervescencia política, «da lo mejor de si». Y las comillas no responden a una cuestión de estilo.
La primera fase del largo camino es la presentación de la candidatura. Se trata de un proceso de tanteo, una simbólica investigación de mercado para determinar cuáles son las posibilidades del candidatos en cuestión. A través de esta fase, fundamental, se establece el derecho a recoger fondos mediante las donaciones realizadas por los simpatizantes. Hablamos de una fase fundamental ya que Estados Unidos se sustenta sobre la base de una rigidísima ley de financiación de partidos políticos, y las campañas llegan a implicar inversiones astronómicas para poder resultar competitivas.
A este punto le sigue la campaña de promoción personal y la elaboración de un programa electoral, que será presentado durante las elecciones primarias. Con esta fase el candidato pone los cimientos de su campaña recorriendo los diferentes estados, realizando mítines donde hace conocer sus planteamientos generales en lo que a las diferentes políticas nacionales se refiere, y sobre todo, darse a conocer como protagonista del proceso electoral, acercándose a los votantes y mostrando sus ideas.
Tras esta etapa, dentro de los propios partidos, se realizan debates entre los candidatos de cada grupo, permitiendo la diferenciación entre ellos, ya que de cada agrupación debe resultar un único candidato para presentar a la votación final. Se trata de una parte bastante árida ya que los candidatos pueden ser muchos y la necesidad de sobresalir por encima del resto de los aspirantes conlleva interminables debates sobre temáticas que tocan todos los sectores de la organización estatal.
El primer momento de gran interés se da a continuación de los mencionados debates y se denomina elecciones primarias. Es una primera criba de candidatos para ir acotando las posibilidades de elección. En base a las fases anteriores los candidatos han realizado un análisis considerando las cifras económicas que pueden mover y los apoyos obtenidos, ahora llega el momento de establecer si su candidatura podrá hacer frente, contando con estos elementos, al feroz combate por lograr el objetivo. Así, y estado por estado, se llevan a cabo mítines, reuniones, actos multitudinarios de todo tipo. Permite, además determinar un importante aspecto (aunque no siempre determinante del resultado electoral) y es el apoyo popular con el que cuenta el candidato.
El procedimiento de las primarias se divide a su vez en dos etapas, las estrictamente denominadas con este apelativo y los «caucus», según del estado del que se trate. En las primarias o caucus, cada estado determina qué delegados quiere enviar a la Convención Nacional del Partido. El número de delegados se corresponde proporcionalmente al de electores de dicho estado. Estado tras estado se van recontando los votos hasta llegar al Super Tuesday, durante el que se celebran simultáneamente las primarias de más de veinte estados, y de cuyos resultados se desprende de forma ya bastante clara que candidatos son realmente los que tienen opciones de ser nominados, y en la otra cara de la moneda echa por tierra a los candidatos que en base a estos criterios, resultan más débiles para afrontar las últimas etapas de la carrera.
Cuando se dan por finalizadas las primarias, se celebra la Convención Nacional de los partidos. En ella se reúnen todos los delegados electos mediante las primarias, y que se encargarán de individualizar al candidato nominado como representante del partido de aquí en adelante. Estas convenciones suelen tener una duración de unos dos o tres días, y los procesos de negociación y debate que se ponen en marcha responden única y exclusivamente a la ley del más fuerte. Como si de la supervivencia de la especie se tratase, los potenciales candidatos se arañan las ventajas los unos a los otros, buscando el mayor número de apoyos, y en este momento, los candidatos eliminados durante las primarias pueden jugar un papel decisivo.
Una vez se ha establecido el elemento sobre el que el partido piensa apostar (en las presentes elecciones Barack Obama concurrirá por el partido Demócrata, y John McCain por el partido Republicano) se da el pistoletazo de salida a la campaña presidencial, estrictamente hablando. Durante meses, se volverán a recorrer todos los estados presentando en todos sus puntos, el programa electoral que se piensa desarrollar, y contestando, al mismo tiempo, las propuestas e ideas planteadas por el adversario.
El próximo 4 de noviembre será la «gran final», en la que los americanos se acercarán a las urnas a manifestar su parecer político (podemos empezar por agradecer la no presencia de Bush, que es ya un avance, aunque su ausencia se deba, básicamente, al sistema americano que no permite la ejecución por parte de una misma persona, de más de dos mandatos) Y es en este momento en el que se da una de las claves más paradójicas del sistema: aunque se hace de todo por identificar e individualizar a UN sujeto, el electorado no vota directamente al presidente. Lo que votan los electores es un colegio electoral, formado por 538 miembros, cuya única función es elegir al presidente y al vicepresidente para los siguientes 4 años, tras lo que dicho colegio electoral se disuelve.
Un mes más tarde de la obtención de los resultados electorales, congresistas y senadores se reúnen y hacen que el candidato pase a ser de hecho, presidente de los Estados Unidos, para lo que el único requisito es contar como mínimo con 270 votos del colegio electoral. Por otra parte, el recién nominado presidente no asume sus poderes de forma inmediata, sino que lo hará en el mes de enero mediante el Inauguration Day, cuando es investido oficialmente para los cuatro años venideros. En este extenso post, las claves, un poco asépticas para entender el sistema. Les dejo, para la reflexión, un apunte: échense unas risas (siempre de esas de «por no ponerse a llorar») con las viñetas de Toothpaste for dinner, sonrisa amarga, pero sonrisa al fín y al cabo. Mi favorita la que abre este post: el simulador de voto que hace referencia a las pasadas elecciones norteamericanas en el año 2000.
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Reflexiones de metros y viajes
22. Septiembre 2008 por Lalá Miolac.

En mi ejercicio del periodismo, me dedico cada día a realizar una revista sobre el equipamiento de las instalaciones sociosanitarias. Lo cierto es que en muchas ocasiones es tan aburrido como les suena a la mayoría de ustedes. Aparatos, instalaciones, aparatos, instalaciones… en una espiral que como decía un libro titulado «Cuentos de Einstein», es la representación del transcurso del tiempo, que se cierra sobre sí mismo hasta comenzar desde el principio, repitiéndose infinitamente.
Hace pocos meses, a principios de junio, debido a mi trabajo en la publicación, tuve que viajar a Barcelona al Salón Avante, la feria sobre la calidad de vida, que resultó muy interesante. En el viaje de regreso, en esas cuatro palabras casuales que pueden convertirse en charla o ignorancia mutua en el contexto de los trayectos en avión (y en tantas otras modalidades de transporte), yo entablé conversación con una agradable señora sentada delante mío. Ella me confesó que viajaba muy atemorizada debido a que ese era su primer viaje sobre el mencionado medio, y porque para más inri, con escala en Madrid, viajaba hasta Punta Cana a visitar a su hijo y su nieta. Cómo su mayor miedo era no saber orientarse sobre donde recoger las maletas y hacer el chek-in para el próximo destino, me ofrecí a acompañarla. Con esa solidaridad que me parte del corazón cada vez que me imagino a mi abuela, sola y en una situación de dificultad.
La señora, además, iba con un punto en contra: hacía pocos meses había sufrido una caída que le provocaba importantes dolores a la hora de caminar que se extendían a lo largo de la pierna, hasta la cadera. Yo le pregunté un poco sorprendida por qué no había solicitado que una azafata con silla de ruedas, la acompañase en los trayectos que debía realizar dentro de las instalaciones del aeropuerto. Ella, con una sonrisa tímida, me contestó que le daba verguenza y que no quería molestar a nadie.
El caso es que el trayecto que debía realizar la señora era un proyecto de gran embergadura: llegar al anexo de la T4 del aeropuerto de Barajas en Madrid, coger el trenecillo, recoger las maletas, salir a la zona de los mostradores, hacer el chek-in para el vuelo con destino a Punta Cana, volver a recorrer todo el camino al revés y tomar el nuevo avión en el anexo de la T4. Sólo os puedo decir que yo la acompañé hasta el mostrador para obtener la tarjeta de embarque que la llevase al otro lado del océano junto a sus familiares, y me pareció excesivamente largo para las condiciones de una persona de mediana edad, y sin mencionar, las infinitas posibilidades de pérdida para una persona que tenga mínimas dificultades de orientación o visuales.
Para terminar de rizar el rizo, resultó que como el vuelo a Punta Cana se había retrasado, creo, unas dos horas, la señora no podía hacer el chek-in hasta pasada una hora. Una señora que después de haberse recorrido todas las intalaciones del aeropuerto, y pensando en el camino de regreso, no podría haber hecho más que sentarse en un banquito (que en ese momento se encontraban todos llenos, y que debido a la enorme falta de educación que ponemos en práctica en España, dificilmente se habrían liberado) a esperar que llegase su turno. En ese momento, yo me acerqué a una de las chicas, le conté la historia, le dije que yo me tenía que ir, y que por favor me indicase como podíamos solucionar la situación. Majísima la chica me consiguió una silla de ruedas, con su consecuente azafata y que Eulalia, así se llama mi entrañable nueva conocida, pudiese deshacerse de sus maletas antes de tiempo y hasta llegar a su lugar de destino.
Cuando me despedí de ella, me miraba con unos ojos llenos de gratitud, me sostenía las manos y no dejaba de darme las gracias, de decir «ay, que suerte que he tenido», de pedirme que les agradeciera a mis padres la educación recibida, ofreciéndome su casa como si fuera la mía.
Esta tarde, por razones profesionales, he ido a entrevistar al director general de un importante grupo de residencias de España. El grupo ha recibido recientemente la mención como grupo de mayor calidad del país. Curiosa, le he preguntado cuál era la clave, en su profesionalísima experiencia, para poder ofrecer un servicio excelente, tanto a las personas mayores como en los servicios a los que tiene acceso toda la población que conforma el grupo denominado Tercera Edad. Su respuesta ha sido concisa: «Nosotros debemos identificar la expectativa de la persona, y darle respuesta». Lo sé, suena obvio, pero en la realidad no se pone tanto en práctica y queda relegado a un segundo plano, tras interminables gráficas de costes y beneficios, tras la monstruosa rentabilidad del negocio, que muchas veces neutraliza las buenas intenciones hasta anularlas.
Creo, en mi modesta opinión y contando con mis precarios conocimientos del sector, que lo único que realmente cuenta es esa enarbolada y tan de moda, calidad de vida. Vivir tranquilos, vivir bien en una étapa que siempre se visualizó como periodo de descanso, de apacible cotidianeidad. El problema es que sea una expectativa, el problema es que no se haya interiorizado como derecho. Una anciana con dificultades en un gigantesco aeropuerto, no puede considerar que el recibir una ayuda se corresponda con su día de suerte. Y en esto, no creo que tenga mucho que ver que la mujer sea tímida o introvertida, sino al hecho de que en el metro, rebaños de jóvenes (y no tanto) miren hacia otro lado cuando al vagón entra una persona anciana, por tener la excusa de no ceder el sitio. La atención a nuestros mayores no puede ser algo con lo que se sueña.
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Sentido homenaje
12. Septiembre 2008 por Lalá Miolac.
Hace pocas semanas me encontraba paseando por las hermosas y otoñales calles de mi ciudad natal: Buenos Aires. Con una compañía inmejorable, decidí acercarme a una maravillosa exposición que se organiza cada año en la ciudad y de la que me había hablado mi amiga Fernanda. La exposición en cuestión recoge una serie de volúmenes de fotografía, completamente artesanales, en su mayoría únicos.
Fer, mi amiga fotógrafa, presentaba dos de sus libros. Asi que tranquilamente nos sentamos en unos sofás, rojos y estupendos, a abrir la mente y cubrirnos las retinas, con sus fantásticas imágenes. Uno de sus libros «La difícil tarea de ser una chica Berbi» me dejó sin palabras. Ejemplar forrado en tercipelo rosa, con un gran corazón fucsia en el centro, e imágenes, una detrás de otra, cargadas de significados, de mensajes inherentes que hicieron tambalearse toda una infancia poblada de Barbies y mobiliario plástico.
A lo largo de las instantáneas se nos va mostrando el mundo de la mujer ideal contemporánea: buena madre, trabajadora, hermosa, deportista, buena cocinera, buena esposa… Siempre a tiempo, siempre por encima. Porque esta es otra de las facetas que nos muestran las impactantes fotos: la individualización de una mujer, un tanto egoista, un tanto reina, un tanto buscadora de diferenciación, un tanto competitiva.
A este punto me viene una pregunta repetitiva: ¿Es que las mujeres para «dar la talla» hoy en día han de ser mejores que la que tienen al lado? ¿Por qué esa necesidad de menospreciar a las otras mujeres para poder hacer notar la propia excepcionalidad? ¿Cuándo perdió el sexo femenino esa solidaridad que hace de la unión entre dos amigas la más fuerte del mundo? Me pregunto si entre tanta lucha feminista y tanta batalla por nuestros derechos no hemos perdido de vista que los objetivos son siempre más factibles en la unión.
Espectacular la foto en la que se observa a la chica Berbi caminar entre un grupo de otras muñecas, con su cinta de miss reina cruzando su pecho, con el resto de la competencia en el suelo, triunfante. Alzando una pierna y sin mirarse a los pies, ella camina orgullosa, en su mundo de chicle de fresa, pensando en la carne asada que cocinará esa noche para Ken y toda la prole; escondiendo en el subconsciente las camisas que hay que planchar; retomando en el consciente el coche a recoger del taller; olvidando los juguetes desparramados por el suelo del comedor, o la pintada que hay que borrar en el zócalo del pasillo. La mujer del éxito, la mujer que todo lo tiene pero que difícilmente se tiene y se contiene a sí misma.
Sin palabras me deja la última foto de una Barbie amordazada con una cinta blanca, la mirada fija en el objetivo de la cámara, con toda su larga lista de tareas a la espalda. Y debo decirles, señores míos, que será sugestión o sensibilidad, pero yo ví a una Barbie triste, a la que a lo largo de las páginas las comisuras de los labios, que en general imaginamos en una inmortal y estática sonrisa, se le iban para abajo. A una Barbie con los ojos más huecos que nunca y el alma más plástica de lo que hubiera imaginado.
Señores, un consejo, no pierdan de vista a mi amiga la fotógrafa, Fernanda Morana, estoy segura que nos depara más de una «revelante» sorpresa.
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El primer adoquín de un largo camino…
4. Septiembre 2008 por Lalá Miolac.

«Una tarde, algunos meses después, yo y Claudine estabamos sentados frente al ventanal a mirar como caía la nieve sobre Bacon Street.
- Somos un pequeño club exclusivo, - me dijo. - Venimos pagados - increiblemente bien pagados - por robar billones de dólares a los países de todo el mundo. Tu trabajo consiste sobre todo en convencer a los gobernantes mundiales de entrar a formar parte de una vasta red que favorezca los intereses comerciales de Estados Unidos. Al final estos líderes quedarán atrapados en una trama de deudas que nos garantiza su fidelidad. Podemos poner nuestra confianza en ellos en cualquier ocasión, para que satisfagan nuestras exigencias políticas, económicas o militares. Y los gobernantes, a su vez, refuerzan su posición política dando a sus poblaciones polos industriales, centrales ecléctricas y aeropuertos. Mientras tanto, los propietarios de las sociedades que realizan los proyectos y las empresas de construcción americanas se enriquecen enormemente.»
John Perkins, Confesiones de un gángster de la economía.
Hoy es 4 de septiembre y me dispongo a dar inicio a este blog. Un blog donde recapitular, donde expresar, donde recoger pensamientos que se agolpan y se unen, en interminables ramificaciones. Los pensamientos de un ser político.
No sé si a ustedes les sucede. A mí me pasa que la mayor parte de las veces que leo, escucho o veo muchas de las noticias que genera esta sociedad nuestra, se me acumulan las preguntas. Referidas, en la mayoría de los casos a las relaciones de subsuelo, que unen un hecho con otro, pero que en la mayoría de las ocasiones desconocemos. Y es una pena, ya que el conocimiento de las mismas nos llevaría a una reflexión mucho más global, a una comprensión más motivada, más racional de una realidad tan compleja como lo es la de la política.
Señoras y señores queda abierto el espacio al diálogo y la interrelación de los hechos. Para dar un buen paso en el camino de la comprensión he querido recoger un párrafo de un libro que explica en modo claro las relaciones de poder entre los Estados Unidos y los países en vías de desarrollo. No se queden en lo simplista de las palabras, y vayan más allá. El primer paso ya está dado.
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