Ha accedido a los Lalá Miolac archivos del weblog de Diciembre, 2008.
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- 10. Junio 2009: Cuestión de cobardías y redes
- 8. Junio 2009: El doble filo de las elecciones
- 4. Junio 2009: Bucaneros solidarios y palabras de combate
- 3. Junio 2009: Gossip Politician
- 28. Mayo 2009: Libertad... de insulto
- 19. Mayo 2009: Quien entienda el párrafo que me lo explique...
- 19. Mayo 2009: Podría escribir los versos más tristes esta mañana
- 14. Mayo 2009: Cada cosa por su nombre, cada nombre por su ley
- 13. Mayo 2009: Efectos adversos de la crisis
- 6. Mayo 2009: Aparecer por encima del ser
Archivo para Diciembre 2008
Renovar los votos
25. Diciembre 2008 por Lalá Miolac.

Me gustaría que esta no fuera época de regalos obligatorios
Me gustaría que todos los niños pudieran
vestirse con una sonrisa al levantarse
y no con harapos, recuerdos constantes de miseria.
Me gustaría que sólo fueran estrellas fugaces
las que, camino de Belén, cruzaran el cielo
y no aviones de guerra, que desde las alturas
regalan bombas, a quien sólo pidió paz.
Me gustaría que los ríos, los mares, el aire
no fuesen contaminados, por gases, por desperdicios,
pero tampoco por mentiras ni engaños,
por chantajes, por extorsiones o por interés.
Me gustaría que bajo el árbol se encontrara la esperanza
y por la chimenea sólo entrase la posibilidad
de un mundo mejor.
El año pasado escribí esta pequeña felicitación para todas las personas lejanas o cercanas a las que aprecio; mirando hacia atrás veo que la base de mis mayores deseos no se ha cumplido, así que renuevo mis votos, con esperanzas navideñas, esperando que el desenchufar las lucecitas del árbol no lleve a nadie, a desconectar de igual modo la solidaridad. La mejor de las entradas para el 2009.
Ilustración: Moonywolf
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Hermanos, de sangre
19. Diciembre 2008 por Lalá Miolac.

Hace tiempo acudí al cine con uno de mis compañeros más asiduos para disfrutar del celuloide. Guille, que así se llama mi amigo, es de los pocos que no me pone nunca una pega, por muy raro que suene el título, por mucho que nos resulte difícil situar geográficamente el país de origen, aún haciendo recurso a las muchas horas pasadas jugando al Risk que a más de uno le descubrió Kamtchatka. A los dos nos gustan más las salas pequeñas que el gran multicine y la versión original, antes que un doblaje. Aprovechando para mantener al día mi italiano, fuimos a ver «Mi hermano es hijo único», y nos dio una agradable sorpresa.
Se trata de un largometraje íntimo, particular y lleno de comicidad, donde, aún en la situación más trágica, el espectador no puede dejar de esbozar una sonrisa ante la inteligente, un poco cínica, y clara ironía del protagonista de la historia. La trama, ambientada en Latina, Roma y Turín, en las décadas de los años ‘60 y ‘70, habla de la relación entre dos hermanos, Accio y Manrico. Dos individuos de fuerte personalidad a cuyo alrededor se congregan los demás miembros de la familia: la madre, el padre y la hermana, elementos que podrían considerarse secundarios pero no prescindibles. El contexto histórico, una Italia que se encuentra claramente dividida entre las posiciones comunistas que hicieron que el país llegase a contar con el partido comunista más grande de Europa; en el dorso de la moneda, una pesada herencia dejada por el Duce, y recogida por los fascistas de entonces, convencidos de que la crisis económica del país estaba estrechamente ligada a las ideas estalinistas. Este es el punto de partida, en un lado de la cuerda Accio, el fascista, y en el bando contrario, Manrico, el comunista, apoyado por la hermana de ambos, Violetta.
Lo mejor de la película, la maestría con la que el director hilvana la relación entre los dos hermanos y deja que sea ella la que los conduzca de un estado de ánimo al otro, desde la admiración por un hermano mayor hasta la desilusión al conocer sus ideas, desde la rabia hasta la fraternidad, desde el odio hasta el amor, desde el rencor hasta el perdón. Porque Accio y Manrico son dos hermanos que se quieren a bofetadas, a empujones, a puñetazos. Son diferentes en todo, y chocan el uno contra el otro en la búsqueda de la propia idea, de la justificación, de la imposición, de la convicción. Se encuentran y se desencuentran como sólo en una relación de hermanos puede suceder.
Y a través de sus ojos vemos el conflicto de Italia, de una Italia que no se sabe reconciliar consigo misma, ni con su memoria histórica, un país alejado de la paz, obsesionado por la búsqueda de una unidad, una identidad imposible que no consigue reunir dos puntos de vista y que lucha en su exploración del concepto de justicia, de historia y de ideología política. Quizás lo más flojo la interpretación de un Scamarcio que al lado del hermano, de su lengua viperina, pierde brillo y se queda tan sólo en un antagonista que al final, no llega a emocionar al espectador.
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Bienvenida al mundo
17. Diciembre 2008 por Lalá Miolac.

Hoy hace exactamente una semana, se celebraba el 60 cumpleaños de la Declaración de los Derechos Humanos. El documento comienza a pasar la línea que la sitúa en una metafórica Tercera Edad, y son muchos los que se preguntan cuál sea la verdadera aplicación, la situación actual de un legado que encuentra su semilla en tiempos remotos, en la revolución francesa, en aquellas épocas en las que el hombre consideró no ser libre, para ser soberano de sí mismo, para elegir quién debía ser soberano del pueblo, para expresarse, para hacer uso de su libertad… Pero ¿es que realmente hoy en día existe ese «libre albedrío» que nos enseñara Santo Tomás?
La Declaración de los Derechos Humanos recoge derechos inalienables e indestructibles, propios y sobre los que nadie ajeno al individuo debería tener palabra. Derechos como la vida, la libertad de culto, la no discriminación… Manchas más que presentes en las sociedades modernas en las que, en muchas zonas, la vida y la muerte no dependen de epidemias o ruedas de la fortuna, sino que responden a limpiezas étnicas, guerras y lapidaciones símiles de la contemporánea «letra escarlata». El país teóricamente más desarrollado, al menos sobre el papel o teniendo en cuenta su influencia sobre otros, aún cuenta entre sus medidas legislativas con la pena de muerte. Y salvando distancias ¿cuál es la diferencia entre el brazo de la muerte, Guantánamo, las prisiones de Iraq o una cueva de prisioneros en Afghanistan? Ninguna, la diferencia, si a caso, se puede encontrar en la forma, jamás en el contenido.
En un mundo en el que un niño de 8 años puede ser general de un comando en Sierra Leona. Un mundo en el que los menores de 12 años trabajan en Congo en la extracción del Coltán mientras Nokia saca al mercado estas navidades la competencia directa al iPhone. O un mundo en el que en Turquía una muchacha es violada durante 6 horas por dos falsos policías, porque el miedo a las fuerzas del orden hacen que nadie intervenga y en el que Irán aún contempla en su código penal la posibilidad de aplicar «la ley del Talión». En ESTE mundo, pido por favor que las velas de la tarta de cumpleaños no sean de colores y dirigentes y representantes de la ONU se quiten, al menos por respeto, el gorrito cónico de cartón.
Los derechos del ser humano, sin que tengan que estar escritos ni descritos en ningún documento, quedan muy bonitos en campañas publicitarias, en vallas, en sonrisas apenas a 10 centímetros de un cuello de camisa Channel, en mítines y en programas; en la realidad, pierden esa pátina de brillo y se esconden en las arrugas del kenyata, en los ojos negros del niño de Somalia, en algún rincón de la reserva indígena, en una bomba a punto de explotar en Tel Aviv. Decía la canción de Ismael Serrano «que pena que cada herida en la piel de este planeta, sea una Zona 0 que llorar», que pena, añado yo, que tras 60 años, aún pretendamos hacer creer que como el protagonista del cuento infantil, si no lo veo, no lo siento; que pena que hayamos desarrollado la capacidad no sólo de no sentir, con el corazón escondido tras alambres de espino, sino que, además, hayamos aprendido a mirar sin ver.
Con la esperanza en el bolsillo, con la positividad de un nuevo año que empieza, pero sin que eso se quede en mera ilusión de un inicio, les informo que ha nacido Radio Tribunal Internacional. Un nuevo medio de comunicación promovido por el Tribunal Internacional sobre la Infancia afectada por la Guerra y la Pobreza de la Misión Diplomática Internacional Humanitaria RWANDA 1994 y que se pone como misión denunciar los crímenes contra la humanidad y el genocidio sobre la infancia usando como prisma la perspectiva de los derechos humanos y el Derecho Insternacional Humanitario. Se trata de una emisora online que contará con una programación de carácter semanal informando sobre la situación de las violaciones a los derechos humanos a través de entrevistas a todo tipo de agentes implicados a nivel teórico y práctico, desde juristas internacionales y defensores de derechos humanos hasta los testimonios de niños y madres protagonitas de la guerra; contará además con un periódico interactivo y la difusión de campañas permanentes.
Desde que comencé este blog, hace ahora apenas tres meses cada día me pregunto cuanto habrá de cierto en esa famosa afirmación que dice que el infierno se encuentra empedrado de buenas intenciones. Descubrí entes que enarbolaban la bandera del bien común, para después organizar galas beneficas destinadas a fines bien distintos; conocí, a través de otros, organizaciones que sobre el papel destruían sus confines y se denominaban sin frontera, para luego construir vallas con billetes verdes sobre perímetros de despacho de universidad; encontré textos que parecían redactados en sánscrito, destinados a ser laberinto de minotauros para quien, en la ley, buscaba un taller mecánico posible para restaurar las alas de la libertad. Me niego a volverme cínica y cuestionar las buenas intenciones, me veo casi en la obligación de agarrar a la esperanza con pinzas, el optimismo me dice que colgándola en un tenderín imaginario, para que al menos se airee y retome las fuerzas.
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Coherencia y compromiso en tiempos de guerra
2. Diciembre 2008 por Lalá Miolac.

No soy creyente. Nunca fui asidua a misas, procesiones y mucho menos a púlpitos. Creo sin embargo que bajo sotanas, bulas y prohibiciones existe «una religión verdadera», una espiritualidad en la que se acomunan la compasión, la piedad, la solidaridad y el amor. Una sutil línea que sienta a la misma mesa (ojalá retratada por un Leonardo imaginario y sin presencia en best seller de aeropuerto) a Mahoma, Buda, Jesucristo o Zaratustra, a Osiris, Zeus y cualquier otro dispuesto a representar la parte mística del ser humano sin que esta deba ser analizada, compartimentada o dirigida por las subjetividades o ambiciones ajenas.
Creo que cada tanto deberíamos apelar a ese rinconcito de nosotros mismos. Es tópico, estamos en Navidad y ¿es ahora el momento de acordarse de que hay quien por no tener carece casi hasta de aire para respirar? No. Lo cierto es que en vez de considerar las grandes desgracias de nuestro tiempo de economías salvajes, de fracturas de sistemas y de ideas, de revoluciones ficticias que no hacen más que instaurar el caos, sería sólo cuestión de pararse un segundo a cuestionar cualquier día del año por qué en Irak se invierten 1,95 billones de euros en la guerra, cuando con tan sólo 3.000 millones se podría terminar con el hambre en el mundo, o como bien destaca la organización Manos Unidas, por qué no invertimos los 22.000 millones que requiere la hambruna, mientras sí que se realizan inyecciones astronómicas de dinero a los bancos en esta preocupantísima crisis que veremos cuánto se refleja en el consumo navideño, visto que para este puente ni un huequito queda en los alojamientos de Navacerrada donde cientos de madrileños se darán cita para dar la bienvenida a la apertura de la estación de esquí. Casi casi como ir de excursión a la Casa de Campo, ¿eh?
No es cuestión de donar hasta la ropa interior a las ONG’s, no es cuestión de desarrollar sentimientos de culpa o peor aún adoptar la postura resignada del «nada va a cambiar». Les propongo algunas ideas a tener en cuenta, algunas puntadas sobre las que hacerse preguntas o replantearse el propio modelo de vida y celebraciones familiares. Apoyándo el folclore popular de «predicar con el ejemplo» yo este año hago la cena de navidad con mi familia en un restaurante - tienda que apoya el comercio justo que se llama Subiendo al sur y que ofrece un menú navideño por 25 euros y una amplia carta de gastronomías de centro y sur América y África.
Para aquellos que cuentan con algunos días y tengan ganas de viajar metiendo entre las pertenencias una nueva forma de mirar el mundo: solidaria y responsable, Canal Solidario publicó la semana pasada una serie de links a algunas organizaciones que presentan rutas de turismo responsable en las que se puede convivir con gente de los países visitados y observar de cerca realidades poco presentes en las rotativas cotidianas. Por lo que sé, las mismas organizaciones plantean rutas para el periodo de verano, para quien como yo, en épocas natalicias se encuentra un poco más limitado con los tiempos.
Desgraciadamente ya ha terminado el plazo, pero recojo la iniciativa de Imaginarium, ya que además de ser una idea solidaria puede que venga realizada por otros comercios, y seguro por organizaciones como Cruz Roja o Cáritas. Se trata de la idea de realizar paquetes regalo para aquellos niños que no sólo no tendrán una navidad normal sino que de no ser un por un pequeño esfuerzo, tampoco contarán con un simbólico presente. La tienda Imaginarium proponía meter en una caja de zapatos cualquier cosa que pudiera ser una sonrisa para otros: peluches, muñecas o cajas del lápices.
Por último y para que quede como propósito para iniciar el año, uno bien negro, según nos lo vienen pintando, les recomiento la lectura del Informe [R]Revolución Energética. Una perspectiva energética mundial sostenible que ha presentado hoy mismo Greenpeace para un consumo de la energía responsable. Algunas pautas interesantes y consejos para que los buenos propósitos no se nos queden a mitad de la «cuesta de enero».
¿Recuerdan cuando de pequeños, sentados frente al televisor mirábamos los miles de anuncios de juguetes? Yo recuerdo que con mi hermano pequeño reálizabamos una común dinámica que consistía en decir «me lo pido» cuando aparecía alguno de los juguetes que le habríamos demandado a ese entrañable papá Noel que tan bien premia las bondades infantiles o a esos Reyes Magos que de considerarte malo, te traían carbón, !de azúcar¡ No es necesario eliminar la navidad, o las festividades, las celebraciones o maravillosas comidas en familia tradción en esta época, basta sólo con no perder de vista a quien se encuentra a nuestro lado, a no hacer que la brecha entre unos y otros se convierta en abismo. A veces bastaría por comenzar a sonreír cuando se da los buenos días, y una cosa tan simple, para mí la primera, es arduo camino.
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