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De mayor quiero ser Parag Khanna

Me disculpo por una ausencia un poco forzada, un poco provocada. Buenas rachas y malas rachas, donde la segunda es contexto (éste de la enferocida crisis que alarga los dedos en busca del pánico colectivo) y la primera, fruto del esfuerzo personal. Vuelvo al blog con muchas ideas y textos, no como promesas sino como propósitos. Hace ya casi dos semanas tuve la oportunidad de asistir a una conferencia magistral de Parag Khanna, a quien supongo muy famoso por la cantidad de resultados google pero que, disculpen mi ignorancia, yo no había si quiera oído mencionar.
Parag Khanna es director de la Global Governance Initiative y Senior Research Fellow en el programa estratégico de New America Foundation. Es autor de múltiples libros, ha sido asesor geopolítico para las operaciones especiales de USA en Irak y Afghanistan. En 2008 fue mencionado por la revista Esquire como una de las personas más influyentes del s. XXI. Ha trabajado, además, en la reciente campaña presidencial de Barack Obama. El señor Khanna viaja por todo el mundo, es financiado en sus estudios por fundaciones como la de Naciones Unidas, e imparte sus lecciones, entre otros lugares, en la Georgetown University, en territorio comanche.
Sorprende su juventud, 30 años y su expresión de niño pillo. Habla 5 idiomas y sonríe de forma seductora, un poco como aquel que sabe haber visto cosas que los demás no vemos; un discurso brillante (perfectamente entendible en inglés) y una idea, la de hablar del segundo mundo, que demuestra el nacimiento de una nueva generación política, después de selvas de páginas manchadas con la tinta del desencanto juvenil en el campo ideológico y práctico.
Pocas veces encontramos entre informaciones y dilucidaciones el concepto del Segundo Mundo. Explicaba el autor que teniendo en cuenta las organizaciones destinadas a la cooperación (países ricos, en resumen) y aquellas conformadas por los países en vías de desarrollo (países pobres, si es que estos pudieran en algo, metafóricamaente, sintetizarse), se nos quedan bailando en el medio unos 100 países. Éstos poseen rasgos característicos del primer mundo y rasgos característicos del tercero. En la voluntad y desarrollo de las políticas de sus gobernantes, se acercarán más a una u otra orilla convirtiéndose en mercados emergentes (¡Bonus! Segunda posibilidad en la rueda de la fortuna del Dios Dólar) o «mercados miseria» (es decir, esos en los que yo tengo la materia prima pero como soy pobre me dan dos céntimos para poner mañana en el mercado mis tomates a 1,79 euros/kilo).
Sobre el tablero, tres son los jugadores, tres lo ejes de poder: Estados Unidos, quien en el último siglo ha detentado la soberanía absoluta y hoy, entre tanta guerra y tanto Bush, comienza a ver diezmada su posibilidad de presión en otros frentes sobre todo al otro lado del charco; China, la cual socialmente y en cuanto a medidas de sostenibilidad se gana un enorme suspenso para ser promocionada al Primer Mundo, pero cuyo poder económico y macrocaracterísticas le da un poder de influencia tremendamente persuasivo, y la vieja, reconformada Europa, quien poco a poco va extendiendo sus brazos en el intento de recrear aquella Santa Alianza, aquel imperio (mezcla de todos) capaz de poner la balanza de su lado.
En este símil de partida de Risk virtual-real, los tres colosos deben buscar estados satélites que resulten fuerzas de apoyo, recursos en cuanto a materias primas y mano de obra, mercados en los que experimentar el abaratamiento de costes de producción y la reducción de inversión en salarios. Estados Unidos baja la mirada y comienza a cuestionarse cuánto los hierbajos del jardín de la quinta (vale a decir Sudamérica) puedan llegar a complicarse en el futuro y se acerca a Brasil para establecer un foco de influencia sobre las potencias más «débiles», por sus guerrillas, sus miserías y por sus casas de hojalata, porque la inversión americana en tierras del sur siempre se demostró pagadora.
Europa, mientras, coquetea con Ucrania y Turquía. La primera con ese atractivo suministro de gas que une Rusia con Europa, la segunda con ojos de almendra y piel oscura, dispuesta a interceder ante la reticente familia oriental, en favor del amante esposo… Explicaba Mr. Khanna que ha sido así como Europa ha negociado parte de la explotación de petróleo en Irak, en detrimento del tío Sam.
Y la indescifrable China, esa que pacta con todos y no se alía con ninguno, esa que todo lo produce a un costo menor del que se pudiera si quiera imaginar, esa en la que cualquier experimento puesto en marcha resulta el de mayor envergadura de la Historia de la Humanidad. China, como mancha de aceite, ha ido empujando desde sus fronteras como si de un globo en proceso de hincharse se tratara, hacia Malasia, Vietnam y Laos. Al mismo tiempo, y con las pocas palabras que les caracteriza, se va lavando la cara: medidas sanitarias, posibilidad de un segundo partido político, iniciativas de ahorro energético y sostenibilidad.
En fín, magistral Parag Khanna nos condujo a pasito lento pero seguro hacia la consideración de un Segundo Mundo, quizás todavía más determinante que el primero, pues es la influencia sobre ellos (como ya lo fuera durante el colonialismo) el rasero utilizado para medir la potencia y futuro de los primeros. El libro se llama «El segundo Mundo» Llega a nosotros gracias a la labor magnífica, como siempre, de la editorial Paidós. Eso sí, si les interesa, vayan a encargarlo, las estanterías de las librerías ya quedaron desnudas ante la genialidad de Khanna.