Ha accedido a los Lalá Miolac archivos del weblog del día 13. Mayo 2009.
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Archivo para 13. Mayo 2009
Efectos adversos de la crisis
13. Mayo 2009 por Lalá Miolac.

«No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar «superado». Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar para superarla».
Más de medio año, y esta omnipresente crisis nos sale ya hasta por las orejas, por cada rendija, en cada frase compuesta y en cada oración simple. La crisis, ese gran monstruo de fauces negras y ojos rojo sangre que parece acechar bajo la cama, dentro del armario e incluso sobre la mesilla de noche. Todo lo toca, todo lo contamina, todo lo empaña. Ríos de tinta, y de palabras, ante una situación que el transcurso de la historia ha demostrado siempre ciclíco.
Es evidente y patente. Quizás el lado más amargo de esta crisis adopte forma de cifra, de sucesiones de esas que en el cole nos explicaban como geométricas, armónicas y largo etcétera en representación de un incremento exagerado en las cifras de paro. Es el lado más humano de la crisis pues es el que en relación directa dificulta el estado de supervivencia de muchas familias. Mi post no pretende ofenderlas, dejarlas de lado o mermar la importancia del impacto que la situación tiene sobre ellas. Pero no puedo dejar de sumarme a las palabras del genio.
Muchos de los componentes de mi generación viven el problema cotidiano del mercado laboral y su famosa inestabilidad, muchos también consideran que cobrar el paro sea más cómodo e implique menos esfuerzos; muchos se quejan de los bajos sueldos y la poca capacidad adquisitiva, pocos renunciaron a salir los fines de semana, a utilizar el coche aún sin necesidad del mismo, o a reducir el índice de consumo de bienes de segunda, tercera o decimoquinta necesidad.
La generación «Y» le han puesto (por razones no importantes al tema) y yo lo recojo como la conjunción traducible en la acción de añadir. Respecto a las generaciones pasadas nosotros no hemos hecho más que añadir necesidades superfluas a las que ya no sabemos renunciar, y frases como «apretarse el cinturón» nos suenan a épocas de postguerra que por desgracia aparecen tras una pátina gris, lejana, una realidad casi de película, en la que no nos sentimos agentes, sino meras víctimas colaterales.
Paseando por Preciados el otro día con mi madre, una chica tenía ante sí un enorme pedazo de papel en el que los transeúntes podían escribir sus propuestas para reducir la pobreza en el mundo. Mi madre, muy sintética, escribió: reducir el índice de consumo. Apliquemonos el cuento, que la crisis pasar, pasará, pero nosotros también tenemos que bajarnos un poquito de la mula de las alforjas de oro, que muy a nuestro pesar, la racha de oro de nuevos ricos ibéricos, está pasando un momento de grave dificultad.
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