- ¿Alguien dijo periodismo? (2)
- Cada uno por su nombre (4)
- Cinema Victim (6)
- Comelibros volador (5)
- El mundo en imágenes (3)
- Perlas, apuntes y visicitudes (1)
- Política (3)
- Salud, dinero y amor (1)
- Yo y mi mundo (16)
- 10. Junio 2009: Cuestión de cobardías y redes
- 8. Junio 2009: El doble filo de las elecciones
- 4. Junio 2009: Bucaneros solidarios y palabras de combate
- 3. Junio 2009: Gossip Politician
- 28. Mayo 2009: Libertad... de insulto
- 19. Mayo 2009: Quien entienda el párrafo que me lo explique...
- 19. Mayo 2009: Podría escribir los versos más tristes esta mañana
- 14. Mayo 2009: Cada cosa por su nombre, cada nombre por su ley
- 13. Mayo 2009: Efectos adversos de la crisis
- 6. Mayo 2009: Aparecer por encima del ser
Cada cosa por su nombre, cada nombre por su ley
Centro de planificación familiar. Zona Noviciado, Madrid. Domingo cualquiera, 10:30 de la mañana. Una sala atestada de jóvenes, la mayoría muy jóvenes. A una cierta hora, bajan la persiana metálica «No puede seguir entrando gente. Ya con la que hay no saldremos a las 15 hrs que es nuestro horario de cierre» Aún con la persiana a medio bajar, tantos se asoman «Por favor, es una emergencia» Un chaval, voluntario, fantástico, intenta hacer un hueco, que entre alguno más, aún a riesgo de perder toda su tarde libre.
Miles las charlas entre amigas, de verdaderos incidentes sexuales tras los que nos hemos visto obligadas a peregrinar de un centro a otro, a quemarnos las manos con las castañas del propio fuego porque resulta que a partir de los 25 años, un incidente se cree sea un milagro y la cantidad de centros a nuestra disposición se reducen muy pero que muy considerablemente. Mientras, una chica vestida apenas con una blusa, delante mío dice tener 15 años, y con la indicación de una mano se la dirige hacia la consulta del doctor. No voy si quiera a comentar la cantidad de centros de este tipo que cuentan entre sus plantillas con un sinnúmero de objetores de conciencia (todos mis respetos a sus conciencias pero no es el lugar más apto para desenvolver sus funciones).
La píldora postcoital vuelve a la actualidad en estos días. Su acceso será más fácil, eso dicen. No me lo creo, digo yo. ¿No responderá más bien al hecho de que hasta hoy muchos centros la dispensaban de modo gratuito y a partir de ahora, de venta en farmacias, pagaremos la interesante cifra de 18 euros? ¿No hará esto que quien antes la compró por un verdadero incidente lo hará igual, mientras que la gente con menos recursos (muchas veces no sólo económicos sino también de información y oportunidades) tenga que hacer frente a otros métodos o a una prole que no puede mantener? ¿No tendrá nada que ver que el grupo poblacional que más aborta es el que va de los 20 a los 24 años, seguido por el de edad inferior a los 19?
Si aún con estas iniciativas, de fachada más que nada, el índice de consumo de la mencionada píldora y de las interrupciones de los embarazos va siempre camino a las estrellas ¿no será que el error está en otra parte? ¿No tendrá nada que ver señores políticos, con el hecho de que a día de hoy la Educación Sexual no es materia obligatoria en la escuela? ¿o que en las que se imparte se reduce a la explicación de como ponerme un Tampax? ¿No tendrá que ver con el desarrollo de unas nuevas generaciones que finalmente han encontrado el modo de «ser mayores, aún siendo niños»? ¿No tendrá que ver con las pagas exorbitantes o con la falta de atención no sólo de padres, sino de la sociedad en general? ¿No podemos relacionarlo en algún modo con ser el país europeo con el mayor consumo de cocaína? ¿y con las estadísticas por las que pillarse una descomunal melopea cada fin de semana con 12 años es normal?
Hoy se ha publicado la noticia sobre las modificaciones en la Ley que regula la posibilidad del aborto. Era hora. Sin embargo, no se la tomen a la ligera, no es sólo motivo de celebración. Esta Ley, es la constatación de que las cosas están mal hechas, que se llevan haciendo mal mucho tiempo y que dará lugar a nuevas problemáticas si lo que hacemos es una casa de cartón piedra y no una con verdaderos andamios y cimientos.
Ayer o hace un año, antes de que estas modificaciones vieran la luz, abortar en España no creo que fuera algo dificil. Conozco la historia. Sé que la dificultad menos representativa ha sido la de encontrar un centro en el que abortar. En 2007 en España, según estadística del Ministerio de Sanidady Política Social, abortaron 112.138 mujeres, un canal de noticias recoge que 604 de ellas, por sexta vez, que se realiza un aborto cada 6,6 minutos y que esto supone la eliminación de 220 fetos al día. Son datos terribles. No creo que la solución a ESTOS problemas sea el derecho al aborto.
No quiero dar lugar a malinterpretaciones: estoy a favor de la ley del aborto. Estoy convencida de que la mujer debe tener derecho a decidir sobre su cuerpo y sobre su maternidad. Creo que debe de contar con medios que le permitan tomar tales decisiones. Creo que es fundamental que se haya eliminado la posibilidad de ir a la cárcel, que se haya ampliado la posibilidad de elección y del periódo en el que descubrir que nuestro hijo padecerá terribles enfermedades para las que no tenemos curas, y podamos evitárselo y evitárnoslo.
Pero el problema no es ése. El problema es que de tanto poner sobre la mesa al tabú, nos hemos acabado poniendo nosotras, como en una mesa de autopsias, con hijas, amigas y conocidas. Sin saber decir que no, sin saber que a veces aceptar nos pondrá en situaciones de las que se sale con mucho más que un día de baja. Hemos dotado a la sexualidad de una ligereza tanto sana como peligrosa, y hay que reconocerlo, se nos ha ido de las manos.
He sido tremendamente afortunada, recibiendo en mi casa una educación sexual ejemplar. El amor y el sexo, juntos, revueltos o como haga falta nunca han sido algo sobre lo que me hiciera grandes problemas. Se me ha educado desde la prevención, en sus mil aspectos y pocas veces he tenido que (volvamos al principio) recurrir a alternativas del Estado (¿de Bienestar?) ¿tendrá alguna relación?. La ley es necesaria, si, pero de una vez por todas conseguir que la población entienda los riesgos reales de dichas prácticas también.
Este post va de corazón a las miles de mujeres que se tumbaron sobre una camilla, a las puertas del infierno. Ése día, independientemente del valor que se le quiera dar a un feto, una parte de ellas, grande o pequeña, quedó en el camino. Fueron relativamente tocadas por una varita mágica, otras no se levantaron nunca de la camilla. Mujeres vieron salir de entre sus piernas el resultado de una violación, porque aunque la Ley lo ampare, la ley del silencio o de la familia que se impone en muchos lugares de España (y del mundo) así comanda. Hijos fueron maltratados, abandonados, encerrados porque quizás no estaban en el lugar adecuado, en el momento adecuado.
Niñas se abrieron el vientre, montaron a caballo hasta sentir los huesos rotos; niñas se miran en el espejo y ven su reflejo distorsionado entre la realidad del «habría de ser» y la del «no supe que hacer». Miles de mujeres en un día terrible, en un momento terrible. Por todas ellas, por las que están por venir. Ley si, parches no.
Imágenes: Anaiszub, Patin Nadal y Una argentina provida


