Archivo para Junio 2009

Cuestión de cobardías y redes

 

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Como buena periodista de política para principiantes, me encuentro suscrita a las múltiples newsletter y alertas relacionadas con el Tercer Sector, las ONG’s y organismos varios. Hace unos meses, me sorprendí reflexionando sobre como este mundo de las tecnologías pueda ser un interesante medio de comunicación social, posibilitando la ubicuidad, la presencia constante, la conexión de gentes. Sin embargo por otro lado, hay parte de esa tecnología que está comenzando a funcionar como una especie de lavado de cara, bastante menos elogiable.

Mi reflexión venía de la mano de un chiste hecho por el Jueves sobre la red social de Facebook, en él se explicaba como en la actualidad las personas realizamos un simple click en Internet haciéndonos fans o miembros de grupos que luchan contra determinados problemas de nuestro tiempo. Y en este simple click, en un gesto tan sencillo como infructuoso, el internauta se siente como si hiciera algo, como si de verdad, ese estúpido gesto de ratón pudiera cambiar mínimamente el maltrato de animales, la pornografía infantil o la trata de mujeres.

Tengo dos buenos amigos que el próximo mes de septiembre van a recorrer India y Nepal en un ciclomotor de 125 cc y tres ruedas. 15 días, 4000 km. Se trata de una carrera BENÉFICA con el fin de recoger fondos para dos ONGs locales (1000 libras como mínimo, cantidad sin la cual no es posible participar). No existe una ruta determinada, ni etapas, ni ayuda, ni ganador. Simplemente se trata de ver el país y buscar el modo de implicarse. Trabajando por un FIN REAL.

Todos los gastos del viaje, corren de su cuenta. Pero necesitan las donaciones para que les den el vía libre al viaje. Sé cómo están las cosas, y muchos sabéis que mi precariedad es probablemente la única manta segura con la que cuento. Mi propuesta es que deís un paseo por su página  y leáis un poquito de lo que quieren hacer, con qué ONG’s van a colaborar y como se va a desarrollar el viaje. Si os convence, en la sección de donaciones podeís realizar las vuestras.

Soy precaria pero también soy valiente. Me niego a clickear desde mi ordenador y a no reaccionar cuando sé realmente donde va a ir mi dinero, no puedo no participar cuando sé quien quiere realizar este proyecto, no estoy dispuesta a pensar en mí misma como alguien incapaz de renunciar a unas monedillas en detrimento de una caña. ¿Cuántas nos vamos a tomar este verano? Da igual cuánto se quiera donar, lo importante es demostrar que no estamos sólo dispuestos a luchar por las causas abanderadas por la moda, por la prensa, por el logo. Estamos dispuestos a luchar por quien cree realmente en el cambio, y por quien está dispuesto a realizarlo.

¡Somos nosotros!

Seamos valientes y consecuentes. Por una vez, creamos en algo. La posibilidad de cambio no tiene porque representar una fortuna. Miles de «dos euros» hemos pagado por aquellas loterías de viajes de fin de curso, por paquetes de tabaco, por copas, por un pintauñas en el chino. 2 euros (o lo que se quiera) y quizás el mundo cambie para alguien en la India.

El doble filo de las elecciones

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Ayer poco menos de la mitad de la población electoral se recó a las urnas para establecer las proporciones de nuestra representación política en Europa. El resultado: la mayoría dividida entre el bipartidismo tradicional de PP y PSOE y una minoría dividida entre la Coalición por Europa, Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia y Europa de los Pueblos. En una lectura únicamente numérica se trata del mayor logro en la historia de las elecciones europeas del Partido Popular, cuya guía soporta con fervor Mariano Rajoy, quien se ha metido en el bolsillo 23 de los 50 escaños en juego.

Sin embargo, en una lectura simbólica se observa que quien detenta una mayor representación sería la izquierda. Y, ahora me explico pero, no es este un argumento para consolarse o decir que en realidad quien ha ganado es la izquierda. Lejos parecen ir quedando los aires de cambio y renovación, de diálogo y progresismo que en 2004, un poco menos en 2008, llevaron a gran parte de los votantes a cerrar el puño alrededor de una rosa. Poco a poco, Zapatero ha ido ganando también sus inconformismos dentro de las propias filas, y las elecciones europeas no son más que una representación de ello. Y no sólo la crisis.

Supongo al electorado bastante más inteligente (¿de lo que quizás es?) creyendo que somos todos conscientes de lo cíclico de la economía como para realizar un acto tan infantil como el de la identificación de culpables. Son muchas las cosas las que se le pueden recriminar al presidente del gobierno, seguramente el del transcurso de la economía mundial, no sea una de ellas.

Lo que se puede ver en estas elecciones, es que los escaños perdidos por el coloso nacional del socialismo, no van a parar a la derecha sino que se reparten entre partidos de planteamientos izquierdistas como Izquierda Unida o el partido de Rosa Diéz. Profundo temor pues aunque pueda ser un signo de pluralidad puede ser también tomado como presagio de una tendencia a la dispersión.

No me crean fatalista. Por el momento España se mueve entre dos orillas muy delimitadas en las que los polos de poder se repiten, se complementan y son, aún, capaces de llevar con una igualmente determinada trayectoria, el rumbo del país. Sin embargo, hay que realizar una lectura de los datos minoritarios, son ellos los que nos iluminan sobre los movimientos que surgen, sobre el malestar de los votantes de las fuerzas minoritarias, que demuestran (una vez más) que la derecha se presenta mucho más unitaria que la izquierda.

En estos días, ríos de tinta han realizado un triste y preocupante retrato de la Italia de Berlusconi. Y nos hemos echado todos las manos a la cabeza. Sin embargo, creo que Berlusconi no encuentra una oposición digna de llamarse tal por algunas claras razones: representa una derecha empresarial que siempre, aunque menos política que otras clases, muestra una gran unidad y determinación a la hora de votar, y por otra parte, encuentra en el lado opuesto, una serie infinita de pequeños, o pequeñísimos partidos de izquierda, entre los que se divide en proporciones de apenas el 2 por 100 todo el grupo de la izquierda italiana.

Es tanta la capacidad de elección, que no saben a quien votar. Se trata de un planteamiento simplificado, la verdad es que dentro de esas formaciones tampoco existe un líder lo suficientemente carismático (u honrado) como para aglutinar a grandes mayorías, pero en la base tampoco considero que Zapatero se encuentre iluminado actualmente por el aura del simbolismo progresista que se fue desdibujando en medidas populistas, tiritas de medio pelo y múltiples diputadas que llenan de rosa las casillas del Parlamento.

No  le quito méritos al señor Jose Luís. Sin embargo le pido que observe, aprenda y enmiende los fallos; que haga un análisis profundo de estas elecciones. El gran bipartidismo sirve para que tanto el equipo rojo, como el azul, pongan en la diana el careto del adversario. Creo que más inteligente sería analizar porque ex votantes del PSOE (entre los que sin tapujos me cuento) han decidido, en esta ocasión dar el voto a otras formaciones de izquierda. Son éstas las que realmente pueden el día de mañana arrebatarle la presidencia.

El PP, ha ganado por casi 600.000 votos y 3,7 puntos de diferencia respecto al resultado obtenido por el PSOE. Ha ganado abasalladoramente en Madrid y Valencia. Mucho cuidado, esto significa que como sucediera con Gescartera se le está dando también un mínimo impacto a el caso de corrupción al que el PP hace frente en ambas comunidades; se les da un triunfo simbólico capaz de acallar el conflicto interno de fuerzas, se les proporciona una bocanada de oxígeno para poner de nuevo en práctica viejos mecanismos de lesgislaturas a las que en masa tuvimos que oponernos.

Mi miedo, el que se desprende de esta lectura mía es que, como ha sucedido en Italia y otros países, terminemos pensando que la disgregación es libertad de pensamiento, es pluralidad. La única manera de obtener una pluralidad de izquierdas sería que la suma de los votos se dividiera en partes medianamente proporcionales que llevaran a una coalición pacífica. Digo pacífica porque ¿imaginan las leyes promovidas por una coalición, digamos, de PSOE, Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia? Pensemos en las posibilidades y hagamos un voto, no útil, pero si posibilista.

España ha votado con desgana. Apenas la mitad de la gente ha abandonado la siesta de 24 horas que para nosotros representa el domingo, para expresar su voluntad. ¿La respuesta quizás de una población que ha encontrado la campaña bastante sosa e intrascendente? ¿La pereza de una población siempre más desencantada de la política? La abstención gana una vez más al hablarse de política europea, y ellos como siempre, salen a sendos balcones con la sonrisa de poster, para enarbolar el propio éxito, para mermar el impacto del voto al otro lado del río. Incrementemos las filas del inconformismo, pero hagámoslo todos bajo la misma palabra, y no bajo un listado eterno de sinónimos.

Imagen: El Mig

Bucaneros solidarios y palabras de combate

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Dicen las malas, o maliciosas, lenguas sin pocas perspectivas para la esperanza que quien más tiene, más quiere, que la posesión sólo genera avidez y egoismo, y que, en los tiempos que corren, «nada es gratis» o «que nadie da nada, sin querer nada a cambio».  Bien, las viperinas lenguas deberían conocer a Dave Eggers y Nínive Caligari.

Érase una vez un lugar llamado 826 Valencia en el Missions district de San Francisco, en Estados Unidos. Valencia por el nombre de la calle, 826 por el número cívico. Una increíble fachada, fruto de la mente brillante de Chris Ware, da la entrada a una tienda de piratas muy especial. Allí, en las paredes y sobre estanterías retorcidas miles de libros que se mezclan graciosamente con los perfectos accesorios que un pirata en condiciones necesita. Objetos mágicos y dignos de las compras más selectas de William Drake, el capitán Hook o el mismísimo Jack Sparrow. ¿Busca pastillas contra el mareo o quizás un detallado mapa de los océanos? Está en el lugar apropiado. ¿Quizás su loro tiene hambre o hace falta un garfio de respuesto? Sigue en el sitio idóneo. Atraque el barco a la entrada e intente no saquear la tienda.

Sin embargo, la verdadera aventura se esconde en la trastienda donde centenares de voluntarios, escritores, diseñadores y artistas (entre muchísimos otros) ofrecen apoyo escolar gratuito a niños y jóvenes desde los 6 hasta los 18 años. Como si de un maravilloso cofre del tesoro se tratase, las posibilidades son muchas: apoyo escolar, profundización y refuerzo de la lengua inglesa o monográficos de materias que no se imparten en las escuelas. Pareciera un cuento y lo mejor, es que no lo es.

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Un lugar muy especial

Fundado en 2002 por Dave Eggers y Ninive Caligari el centro pretende dar una atención personalizada a los estudiantes de la zona con menos recursos, idea que Caligari ha desarrollado de primera mano tras más de una década como profesora de la enseñanza pública. Porque en la atención individualizada y el constante intercambio entre profesor y alumno se encuentra la clave para un buen desarrollo de la capacidad de expresión, pilar fundamental para el desarrollo de la vida adulta en múltiples campos. Valencia 826 se encuentra en una zona popular en la que muchos de los niños y jóvenes no tienen acceso a una enseñanza individualizada, pero además, el centro funciona como lugar de reunión o simplemente como un entorno tranquilo, familiar y agradable en el que hacer los deberes o profundizar sobre algún tema que no quedó demasiado claro en la escuela.

Para materializar la idea, se trabaja sobre cuatro áreas fundamentales: actividades en las escuelas, en las que un grupo de monitores asiste al maestro en el desarrollo de un proyecto temático previamente acordado con el tutor; excursiones temáticas organizadas con los maestros de la escuela en la que se profundiza en diferentes temas que los niños estén tratando en el aula, entre ellas la más popular es «Storytelling & Bookmaking» en la que los niños deben crear finales para tres distintas historias, así como participar del proceso de producción del ejemplar final; apoyo de tutorías para tareas escolares o elaboración de historias propias, y talleres de trabajo en los que se imparten materias fuera del temario académico, tanto para niños y jóvenes, como para mayores.

Pero su aportación no se queda ahí, pues la organización entrega tres becas anuales de 10.000 dólares con las que premia a tres estudiantes que hayan destacado a lo largo del año escolar, la única condición es que posean una pasión especial por la escritura. Un gesto simbólico pero de gran importancia, pues se fundamenta en la idea de que el apoyo por sí solo no basta, ya que resulta necesario que se de la oportunidad de seguir trabajando, de formarse para el futuro, en un entorno en el que el acceso a la universidad implica también dificultades económicas para quien tiene menos recursos.

Ideas innovadoras hasta en la metodología, ya que cuentan con un misterioso editor que vive en el trastero de nombre Mr. Blue. Este particular habitante conoce cada historia jamás contada y cada libro que se ha escrito. Desde su escondite, debe dar la aprobación a las historias de los niños que como única exigencia han de tener en cuenta que la historia que están creando deba ser completamente original. Durante las lecciones, el maestro Eggers toma múltiples notas sobre las observaciones de los alumnos: «quiero que los niños vean que nadie lo hace perfecto a la primera».

Una idea con gran potencial

De la labor desempeñada por 826 Valencia han nacido otras seis hermanas que se agrupan bajo el paraguas de la organización nacional, y que se reparten entre Brooklyn, Ann Arbor, Los Angeles, Seattle, Boston y Chicago. Todas ellas realizan el mismo tipo de actividades, y en el frente presentan originales tiendas entre las que se puede visitar una de espías, otra de superhéroes u otra dedicada a los viajes en el tiempo.

Los más de 1.200 voluntarios en San Francisco hablan de su experiencia y emplean para ello palabras que parecen describir una realidad casi utópica, en la que la única cosa que se lamenta es no haber contado con más tiempo a disposición para pasar en el centro. Un centro que no se olvida de ellos y, para demostrarlo otorga el premio al maestro del mes que consiste en 1.500 dólares. Un premio simbólico para destacar una labor no remunerada. «Es la norma sobre la que trabajamos aquí» dice Nínive, reponsable de los programas del centro.

Una mente inquieta dispuesta a arreglar el mundo

El cofundador Dave Eggers es una mente inquieta que se manifiesta a través de su constante gestualidad. La primera novela que publicó en el año 2000 narraba la historia de como se había hecho cargo de la educación y crecimiento de su hermano a la muerte de los padres. ¿Resultado? Una nominación al Pulitzer. A partir de ese momento no ha dejado de escribir libros que promueven una visión más completa del Tercer Mundo para los más pequeños o textos con interesante aportaciones de diseño como la falta de portada de «Ahora sabreís lo que es correr».

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Imparable ha fundado una de las publicaciones (y web) más innovadoras del panorama editorial, del título McSweeney’s y The Believer que dan cabida a los «relatos huérfanos» que los escritores mandan una y otra vez a las casas editoriales, pero que nunca vienen publicados. Una revista que, además, cambia de formato en cada uno de sus numeros y que entre sus columnistas cuenta con Javier Marías, Nick Hornby, Sebald y José Saramago. Y su trabajo no se para ahí ya que ha puesto en pie su propia casa editorial, una fundación destinada a ayudar en África y una web en la que se pueden explicar los proyectos educativos realizados en distintas escuelas del mundo, poniendo en relación a maestros para compartir experiencias y quizás, nuevas ideas a desarrollar. Elegido por la publicación «Times» como una de las 100 personas más influyentes de los Estados Unidos de América.

En la Conferencia TED (Technology Entertaiment and Design) de 2008 se premió a Eggers. Se trata de una conferencia muy especial, pues en ella, los premiados deben de expresar un deseo, algo que desde su punto de vista pueda hacer del mundo un lugar mejor. El deseo de Eggers fue el siguiente:  «Deseo que todos vosotros -vosotros personalmente y cada una de las individualidades creativas y organizaciones que conoceis- encuentre un modo directo de comprometerse con una escuela pública de su zona y que una vez hayáis desarrollado la actividad, contéis la historia de cómo os involucrásteis. Así, dentro de un año, tedremos mil ejemplos de transformaciones hacia el cambio». Por suerte, en Dublín ya ha germinado el primer centro que sigue sus pasos: Fighting Words.

El único en Europa

Eggers, al manifestar su deseo, sabía que para ello era necesario poner un punto de encuentro, crear un espacio de sinergias e ideas, que funcionara como inspiración para muchos otros docentes repartidos por todo el globo. Así, sentó las bases para que su sueño pudiera ser realizado creando la página web Once upon a school, o lo que es lo mismo, había una vez una escuela.

Fruto de esa inspiración y de la voluntad de volver a poner a la cabeza de la lista la expresión escrita y la  creatividad más esencial, a principios de este año se ponía en funcionamiento su único hijo en territorio europeo: el taller de escritura Fighting Words ideado por Roddy Doyle y Sean Love. Situado en el barrio de Ballybough, el centro se encuentra en un entorno muy similar al del 826 Valencia.

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La realidad del acogedor espacio de Fighting Words es muy distinta a la de su pariente americana. Las estanterias de las paredes muestran unas librerias en las que aún faltan muchos libros por colocar, y los que se encuentran hasta el momento son fruto de las donaciones privadas, de escuelas o de asociaciones. Sin embargo, desde que comenzara a pasito tímido su andadura en el mes de enero, ha registrado unas cifras que prometen: hasta junio del presente año tienen todas las actividades completamente reservadas, el próximo mes de septiembre comenzarán a realizar actividades con una escuela con la que trabajaran durante todo el año escolar, y cuentan en la actualidad con una base de datos que reúne a más de 350 voluntarios de los que «al menos 40 ya han venido un par de veces a visitarnos y participar», dice Sara Bennet, responsable del taller.

Una extraña sensación invade al visitante la primera vez que se acerca a este centro. En la fachada una pantalla reproduce pasajes de las distintas historias que han poblado nuestras infancias, Peter Pan y Alicia muestran, en versión multimedia, sus más célebres declaraciones. Al ingresar, acoge el bullicio de un grupo de voluntarias que sobre una pizarra plantean las distintas ideas a poner en práctica en el taller que dará comienzo en apenas 40 minutos. Me atiende Sara Bennet con una amplia sonrisa y brillantes ojos azules: «Ah, sí, la periodista española. Te puedo atender pero sólo tengo 20 minutos». «No importa, es suficiente». Nos sentamos y ella explica: «Aquí todavía estamos empezando. Desarrollamos programas acordados con los profesores de las escuelas. Los niños vienen acompañados por sus tutores a sesiones de 2 horas en las que elaboran historias».

Por el momento los programas tienen una duración de una a seis semanas, «algunas escuelas vienen una vez, otras un par, muy pocas realizan largos programas. Es una suerte que en septiembre vayamos a comenzar a trabajar con una escuela de la zona, a la que seguiremos durante todo el año».

Los miércoles desarrollan también el Club de escritura en el que jóvenes de 8 a 12 años pueden traer sus propias historias para recibir consejos o «simplemente para encontrar un lugar en el que escribir tranquilos», dice Sara Benett.

Entre los voluntarios cuentan con personas de todas las edades y grupos sociales, jubilados que buscan un lugar en el que ayudar y contar sus historias, desempleados que ante el exceso de tiempo libre «buscan dar una estructura a sus jornadas» o estudiantes universitarios que convalidan sus horas de voluntariado por créditos académicos. El centro realiza dos programas de entrenamiento de voluntarios al mes. Después, los participantes se registran en una red y mediante un calendario realizan su inscripción en los días en los que quieren participar. En la actualidad la base de datos de los inscritos cuenta con más de 200 entradas y en el día a día se emplea a 40 de ellos, divididos en dos turnos proporcionales de mañana y tarde. «Te muestro algunos ejemplos» dice la señora Benett mientras se levanta presurosa, y trae devuelta consigo tres librillos. En ellos, un dibujante ha realizado tres ilustraciones y los niños, posteriormente, han escrito una historia para cada uno de los diseños.

A Sara Benett se le dibuja una sonrisa de niña, un poco traviesa, y cuenta que a los niños se les dicen que en el centro hay un excéntrico editor que declara que los niños no saben escribir historias. Se llama Mr o Mrs Cranky («dependiendo de la ocasión») y se parece mucho a su primo Mr Blue, que reside en San Francisco en el 826 de la calle Valencia. Este misterioso personaje sólo pone dos condiciones para la realización de los textos: deben ser completamente originales y no deben dar cabida a la violencia. «Te sorprendería descubrir con qué facilidad los niños están dispuestos a renunciar a la violencia». Me tengo que ir, nos estrechamos la mano a la entrada. Salir de este mundo mágico en el que los cuentos aún no han perdido su espacio en los sueños y la vida de los niños, genera una mezcla nostalgia y ganas de ponerse a escribir. Fuera, el tiempo se esfuerza por poner de su parte, y Dublín regala una espléndida mañana de sol.

Gossip Politician

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Sólo el móvil y los completos de diseño les falta. Porque pareciera que en estos días llegamos a rozar el absurdo. Berlusconi y todos sus líos, de faldas, de aviones, de fiestas, y es una cuestión de Estado. Y digo Estado con la mayúscula, porque me desvano los sesos hipotizando sobre como un país de pensadores y pensantes (ayer, hoy y mañana) pueda permitirlo. Pueda mirar el show del cavaliere. Comprar el producto pensado por una máquina del marketing que ni Asimov se habría soñado.

Y entiendo que pueda parecer gracioso a algunos, preocupante a otros, desconcertante a tantos. Yo no puedo pensar en la cuna del italiano y su melodía, de Dante y entender que Italia sea el país con el menor índice de lectura de Europa. Mi mente no es capaz de dilucidar cuál ha sido el proceso desde Da Vinci, Caravaggio o Tiziano hasta la televisión italiana, la imagen moderna, ¿espejo de?. ¿Cómo puede ser que en italia naciera el Derecho y en sus autobuses nadie pague un billete (no nos metamos en la declaración de la renta)? ¿Como pueden haber nacido en sus tierras Darío Fo y Rita Levy y que hoy en día lo único capaz de hacerse al país sentir una nación sean unos Mundiales de fútbol?

Berlusconi compra la información, la de mentira, la de verdad. Y de todos modos qué más da, la verdad también es suya. En Italia no hay mafia, y por si lo piensas yo te pongo en la tele le velline, aquí no existe corrupción política, y por si se te pasase por la cabeza pensarlo, te pongo en el programa de máxima audiencia de la televisión pública un programa especial acerca de las operaciones estéticas de gran moda. Por que se las hacen las famosas. ¿Desigualdades sociales? En cualquiera de sus canales, dos celebrities del momento que se enzarzan en una discusión absurda (en la que objetivamente, tú espectador no entiendes ni una palabra) con un exitazo del 23 por 100 de share.

Da igual. Las verdades como puños a él le resbalan por su cara de cera. Por que pasa una, pasan dos, pasan tres… y no pasa nada. Señores, el italiano del que todos se ríen, del que todos se asombran es el presidente de Italia. El presidente. Ha hecho de la política una serie de mediodía de Antena 3. Con su publicidad y todo. Con sus balances (encima con truquito del almendruco) de millones de euros. Y ahora, estoy hablando de las cosas serias, de las que huelen más allá de la banderita azul plagadita de estrellas. De la crisis que están afrontando las familias italianas mientras él les muestra por la tele como pasa las vacaciones en Cerdeña o donde toque. Del subdesarrollo en el que se encuentra el sur de Italia, donde los containers en Gioia Tauro son un símil escalofriante de la antigua caja de Pandora, donde el “algo habrá hecho” es todavía una excusa. Cuando uno enciende la tele en Italia, a cualquier hora, en cualquier lugar, y en cualquier canal oye cosas tremendas.

Yo soy de parte, y lo reconozco. He amado ese país por sus habitantes. Tantas las personas que he conocido, en el máster, en el trabajo, en el Erasmus, en la calle, donde el azar nos conduce a los mejores encuentros. Son ellos los que me han hecho, no entender pero sí empatizar. Son cabezas brillantes, de pensamientos brillantes. Y no saben a quien votar. Esa debe ser una difícil carga, yo no sabría que hacer. La conciencia del deber de votar por una parte, pero por otra: ¿si nadie me representa? ¿Cómo hago si los candidatos cuando yo jugaba en el jardín de infancia ya hacía 30 años que estaban en el Parlamento? ¿Cómo pueden saber esas personas qué es lo que necesito? ¿Cómo podrían nunca empatizar con mis necesidades? A muchos, cuando hablan de Berlusconi, les gusta jugar con la metáfora de la máscara. Leí hace tiempo un brillante reportaje en L’Espresso, y ayer uno igual de genial en el Times. Sin embargo, la mayor gravedad del asunto, es que no existen máscaras. Que yo en casi cuatro años pasados en ese país, no he visto jamás a ese señor como algo diferente de lo que es.

Creo que estamos muy cerca y que debemos ser más críticos. Quizás allí Berlusconi haga pagar dentro de poco un centimillo por cada sueño. Aquí seguiremos buscando las razones, y las respuestas. Por que yo tengo allí un montón de pedacitos de corazón. Y estoy convencida, de que merecen algo mucho mejor.

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