Ha accedido a los Lalá Miolac archivos del weblog del día 3. Junio 2009.
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- 10. Junio 2009: Cuestión de cobardías y redes
- 8. Junio 2009: El doble filo de las elecciones
- 4. Junio 2009: Bucaneros solidarios y palabras de combate
- 3. Junio 2009: Gossip Politician
- 28. Mayo 2009: Libertad... de insulto
- 19. Mayo 2009: Quien entienda el párrafo que me lo explique...
- 19. Mayo 2009: Podría escribir los versos más tristes esta mañana
- 14. Mayo 2009: Cada cosa por su nombre, cada nombre por su ley
- 13. Mayo 2009: Efectos adversos de la crisis
- 6. Mayo 2009: Aparecer por encima del ser
Archivo para 3. Junio 2009
Gossip Politician
3. Junio 2009 por Lalá Miolac.
Sólo el móvil y los completos de diseño les falta. Porque pareciera que en estos días llegamos a rozar el absurdo. Berlusconi y todos sus líos, de faldas, de aviones, de fiestas, y es una cuestión de Estado. Y digo Estado con la mayúscula, porque me desvano los sesos hipotizando sobre como un país de pensadores y pensantes (ayer, hoy y mañana) pueda permitirlo. Pueda mirar el show del cavaliere. Comprar el producto pensado por una máquina del marketing que ni Asimov se habría soñado.
Y entiendo que pueda parecer gracioso a algunos, preocupante a otros, desconcertante a tantos. Yo no puedo pensar en la cuna del italiano y su melodía, de Dante y entender que Italia sea el país con el menor índice de lectura de Europa. Mi mente no es capaz de dilucidar cuál ha sido el proceso desde Da Vinci, Caravaggio o Tiziano hasta la televisión italiana, la imagen moderna, ¿espejo de?. ¿Cómo puede ser que en italia naciera el Derecho y en sus autobuses nadie pague un billete (no nos metamos en la declaración de la renta)? ¿Como pueden haber nacido en sus tierras Darío Fo y Rita Levy y que hoy en día lo único capaz de hacerse al país sentir una nación sean unos Mundiales de fútbol?
Berlusconi compra la información, la de mentira, la de verdad. Y de todos modos qué más da, la verdad también es suya. En Italia no hay mafia, y por si lo piensas yo te pongo en la tele le velline, aquí no existe corrupción política, y por si se te pasase por la cabeza pensarlo, te pongo en el programa de máxima audiencia de la televisión pública un programa especial acerca de las operaciones estéticas de gran moda. Por que se las hacen las famosas. ¿Desigualdades sociales? En cualquiera de sus canales, dos celebrities del momento que se enzarzan en una discusión absurda (en la que objetivamente, tú espectador no entiendes ni una palabra) con un exitazo del 23 por 100 de share.
Da igual. Las verdades como puños a él le resbalan por su cara de cera. Por que pasa una, pasan dos, pasan tres… y no pasa nada. Señores, el italiano del que todos se ríen, del que todos se asombran es el presidente de Italia. El presidente. Ha hecho de la política una serie de mediodía de Antena 3. Con su publicidad y todo. Con sus balances (encima con truquito del almendruco) de millones de euros. Y ahora, estoy hablando de las cosas serias, de las que huelen más allá de la banderita azul plagadita de estrellas. De la crisis que están afrontando las familias italianas mientras él les muestra por la tele como pasa las vacaciones en Cerdeña o donde toque. Del subdesarrollo en el que se encuentra el sur de Italia, donde los containers en Gioia Tauro son un símil escalofriante de la antigua caja de Pandora, donde el “algo habrá hecho” es todavía una excusa. Cuando uno enciende la tele en Italia, a cualquier hora, en cualquier lugar, y en cualquier canal oye cosas tremendas.
Yo soy de parte, y lo reconozco. He amado ese país por sus habitantes. Tantas las personas que he conocido, en el máster, en el trabajo, en el Erasmus, en la calle, donde el azar nos conduce a los mejores encuentros. Son ellos los que me han hecho, no entender pero sí empatizar. Son cabezas brillantes, de pensamientos brillantes. Y no saben a quien votar. Esa debe ser una difícil carga, yo no sabría que hacer. La conciencia del deber de votar por una parte, pero por otra: ¿si nadie me representa? ¿Cómo hago si los candidatos cuando yo jugaba en el jardín de infancia ya hacía 30 años que estaban en el Parlamento? ¿Cómo pueden saber esas personas qué es lo que necesito? ¿Cómo podrían nunca empatizar con mis necesidades? A muchos, cuando hablan de Berlusconi, les gusta jugar con la metáfora de la máscara. Leí hace tiempo un brillante reportaje en L’Espresso, y ayer uno igual de genial en el Times. Sin embargo, la mayor gravedad del asunto, es que no existen máscaras. Que yo en casi cuatro años pasados en ese país, no he visto jamás a ese señor como algo diferente de lo que es.
Creo que estamos muy cerca y que debemos ser más críticos. Quizás allí Berlusconi haga pagar dentro de poco un centimillo por cada sueño. Aquí seguiremos buscando las razones, y las respuestas. Por que yo tengo allí un montón de pedacitos de corazón. Y estoy convencida, de que merecen algo mucho mejor.
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