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Cuestión de cobardías y redes

 

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Como buena periodista de política para principiantes, me encuentro suscrita a las múltiples newsletter y alertas relacionadas con el Tercer Sector, las ONG’s y organismos varios. Hace unos meses, me sorprendí reflexionando sobre como este mundo de las tecnologías pueda ser un interesante medio de comunicación social, posibilitando la ubicuidad, la presencia constante, la conexión de gentes. Sin embargo por otro lado, hay parte de esa tecnología que está comenzando a funcionar como una especie de lavado de cara, bastante menos elogiable.

Mi reflexión venía de la mano de un chiste hecho por el Jueves sobre la red social de Facebook, en él se explicaba como en la actualidad las personas realizamos un simple click en Internet haciéndonos fans o miembros de grupos que luchan contra determinados problemas de nuestro tiempo. Y en este simple click, en un gesto tan sencillo como infructuoso, el internauta se siente como si hiciera algo, como si de verdad, ese estúpido gesto de ratón pudiera cambiar mínimamente el maltrato de animales, la pornografía infantil o la trata de mujeres.

Tengo dos buenos amigos que el próximo mes de septiembre van a recorrer India y Nepal en un ciclomotor de 125 cc y tres ruedas. 15 días, 4000 km. Se trata de una carrera BENÉFICA con el fin de recoger fondos para dos ONGs locales (1000 libras como mínimo, cantidad sin la cual no es posible participar). No existe una ruta determinada, ni etapas, ni ayuda, ni ganador. Simplemente se trata de ver el país y buscar el modo de implicarse. Trabajando por un FIN REAL.

Todos los gastos del viaje, corren de su cuenta. Pero necesitan las donaciones para que les den el vía libre al viaje. Sé cómo están las cosas, y muchos sabéis que mi precariedad es probablemente la única manta segura con la que cuento. Mi propuesta es que deís un paseo por su página  y leáis un poquito de lo que quieren hacer, con qué ONG’s van a colaborar y como se va a desarrollar el viaje. Si os convence, en la sección de donaciones podeís realizar las vuestras.

Soy precaria pero también soy valiente. Me niego a clickear desde mi ordenador y a no reaccionar cuando sé realmente donde va a ir mi dinero, no puedo no participar cuando sé quien quiere realizar este proyecto, no estoy dispuesta a pensar en mí misma como alguien incapaz de renunciar a unas monedillas en detrimento de una caña. ¿Cuántas nos vamos a tomar este verano? Da igual cuánto se quiera donar, lo importante es demostrar que no estamos sólo dispuestos a luchar por las causas abanderadas por la moda, por la prensa, por el logo. Estamos dispuestos a luchar por quien cree realmente en el cambio, y por quien está dispuesto a realizarlo.

¡Somos nosotros!

Seamos valientes y consecuentes. Por una vez, creamos en algo. La posibilidad de cambio no tiene porque representar una fortuna. Miles de «dos euros» hemos pagado por aquellas loterías de viajes de fin de curso, por paquetes de tabaco, por copas, por un pintauñas en el chino. 2 euros (o lo que se quiera) y quizás el mundo cambie para alguien en la India.

El doble filo de las elecciones

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Ayer poco menos de la mitad de la población electoral se recó a las urnas para establecer las proporciones de nuestra representación política en Europa. El resultado: la mayoría dividida entre el bipartidismo tradicional de PP y PSOE y una minoría dividida entre la Coalición por Europa, Izquierda Unida, Unión Progreso y Democracia y Europa de los Pueblos. En una lectura únicamente numérica se trata del mayor logro en la historia de las elecciones europeas del Partido Popular, cuya guía soporta con fervor Mariano Rajoy, quien se ha metido en el bolsillo 23 de los 50 escaños en juego.

Sin embargo, en una lectura simbólica se observa que quien detenta una mayor representación sería la izquierda. Y, ahora me explico pero, no es este un argumento para consolarse o decir que en realidad quien ha ganado es la izquierda. Lejos parecen ir quedando los aires de cambio y renovación, de diálogo y progresismo que en 2004, un poco menos en 2008, llevaron a gran parte de los votantes a cerrar el puño alrededor de una rosa. Poco a poco, Zapatero ha ido ganando también sus inconformismos dentro de las propias filas, y las elecciones europeas no son más que una representación de ello. Y no sólo la crisis.

Supongo al electorado bastante más inteligente (¿de lo que quizás es?) creyendo que somos todos conscientes de lo cíclico de la economía como para realizar un acto tan infantil como el de la identificación de culpables. Son muchas las cosas las que se le pueden recriminar al presidente del gobierno, seguramente el del transcurso de la economía mundial, no sea una de ellas.

Lo que se puede ver en estas elecciones, es que los escaños perdidos por el coloso nacional del socialismo, no van a parar a la derecha sino que se reparten entre partidos de planteamientos izquierdistas como Izquierda Unida o el partido de Rosa Diéz. Profundo temor pues aunque pueda ser un signo de pluralidad puede ser también tomado como presagio de una tendencia a la dispersión.

No me crean fatalista. Por el momento España se mueve entre dos orillas muy delimitadas en las que los polos de poder se repiten, se complementan y son, aún, capaces de llevar con una igualmente determinada trayectoria, el rumbo del país. Sin embargo, hay que realizar una lectura de los datos minoritarios, son ellos los que nos iluminan sobre los movimientos que surgen, sobre el malestar de los votantes de las fuerzas minoritarias, que demuestran (una vez más) que la derecha se presenta mucho más unitaria que la izquierda.

En estos días, ríos de tinta han realizado un triste y preocupante retrato de la Italia de Berlusconi. Y nos hemos echado todos las manos a la cabeza. Sin embargo, creo que Berlusconi no encuentra una oposición digna de llamarse tal por algunas claras razones: representa una derecha empresarial que siempre, aunque menos política que otras clases, muestra una gran unidad y determinación a la hora de votar, y por otra parte, encuentra en el lado opuesto, una serie infinita de pequeños, o pequeñísimos partidos de izquierda, entre los que se divide en proporciones de apenas el 2 por 100 todo el grupo de la izquierda italiana.

Es tanta la capacidad de elección, que no saben a quien votar. Se trata de un planteamiento simplificado, la verdad es que dentro de esas formaciones tampoco existe un líder lo suficientemente carismático (u honrado) como para aglutinar a grandes mayorías, pero en la base tampoco considero que Zapatero se encuentre iluminado actualmente por el aura del simbolismo progresista que se fue desdibujando en medidas populistas, tiritas de medio pelo y múltiples diputadas que llenan de rosa las casillas del Parlamento.

No  le quito méritos al señor Jose Luís. Sin embargo le pido que observe, aprenda y enmiende los fallos; que haga un análisis profundo de estas elecciones. El gran bipartidismo sirve para que tanto el equipo rojo, como el azul, pongan en la diana el careto del adversario. Creo que más inteligente sería analizar porque ex votantes del PSOE (entre los que sin tapujos me cuento) han decidido, en esta ocasión dar el voto a otras formaciones de izquierda. Son éstas las que realmente pueden el día de mañana arrebatarle la presidencia.

El PP, ha ganado por casi 600.000 votos y 3,7 puntos de diferencia respecto al resultado obtenido por el PSOE. Ha ganado abasalladoramente en Madrid y Valencia. Mucho cuidado, esto significa que como sucediera con Gescartera se le está dando también un mínimo impacto a el caso de corrupción al que el PP hace frente en ambas comunidades; se les da un triunfo simbólico capaz de acallar el conflicto interno de fuerzas, se les proporciona una bocanada de oxígeno para poner de nuevo en práctica viejos mecanismos de lesgislaturas a las que en masa tuvimos que oponernos.

Mi miedo, el que se desprende de esta lectura mía es que, como ha sucedido en Italia y otros países, terminemos pensando que la disgregación es libertad de pensamiento, es pluralidad. La única manera de obtener una pluralidad de izquierdas sería que la suma de los votos se dividiera en partes medianamente proporcionales que llevaran a una coalición pacífica. Digo pacífica porque ¿imaginan las leyes promovidas por una coalición, digamos, de PSOE, Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia? Pensemos en las posibilidades y hagamos un voto, no útil, pero si posibilista.

España ha votado con desgana. Apenas la mitad de la gente ha abandonado la siesta de 24 horas que para nosotros representa el domingo, para expresar su voluntad. ¿La respuesta quizás de una población que ha encontrado la campaña bastante sosa e intrascendente? ¿La pereza de una población siempre más desencantada de la política? La abstención gana una vez más al hablarse de política europea, y ellos como siempre, salen a sendos balcones con la sonrisa de poster, para enarbolar el propio éxito, para mermar el impacto del voto al otro lado del río. Incrementemos las filas del inconformismo, pero hagámoslo todos bajo la misma palabra, y no bajo un listado eterno de sinónimos.

Imagen: El Mig

Bucaneros solidarios y palabras de combate

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Dicen las malas, o maliciosas, lenguas sin pocas perspectivas para la esperanza que quien más tiene, más quiere, que la posesión sólo genera avidez y egoismo, y que, en los tiempos que corren, «nada es gratis» o «que nadie da nada, sin querer nada a cambio».  Bien, las viperinas lenguas deberían conocer a Dave Eggers y Nínive Caligari.

Érase una vez un lugar llamado 826 Valencia en el Missions district de San Francisco, en Estados Unidos. Valencia por el nombre de la calle, 826 por el número cívico. Una increíble fachada, fruto de la mente brillante de Chris Ware, da la entrada a una tienda de piratas muy especial. Allí, en las paredes y sobre estanterías retorcidas miles de libros que se mezclan graciosamente con los perfectos accesorios que un pirata en condiciones necesita. Objetos mágicos y dignos de las compras más selectas de William Drake, el capitán Hook o el mismísimo Jack Sparrow. ¿Busca pastillas contra el mareo o quizás un detallado mapa de los océanos? Está en el lugar apropiado. ¿Quizás su loro tiene hambre o hace falta un garfio de respuesto? Sigue en el sitio idóneo. Atraque el barco a la entrada e intente no saquear la tienda.

Sin embargo, la verdadera aventura se esconde en la trastienda donde centenares de voluntarios, escritores, diseñadores y artistas (entre muchísimos otros) ofrecen apoyo escolar gratuito a niños y jóvenes desde los 6 hasta los 18 años. Como si de un maravilloso cofre del tesoro se tratase, las posibilidades son muchas: apoyo escolar, profundización y refuerzo de la lengua inglesa o monográficos de materias que no se imparten en las escuelas. Pareciera un cuento y lo mejor, es que no lo es.

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Un lugar muy especial

Fundado en 2002 por Dave Eggers y Ninive Caligari el centro pretende dar una atención personalizada a los estudiantes de la zona con menos recursos, idea que Caligari ha desarrollado de primera mano tras más de una década como profesora de la enseñanza pública. Porque en la atención individualizada y el constante intercambio entre profesor y alumno se encuentra la clave para un buen desarrollo de la capacidad de expresión, pilar fundamental para el desarrollo de la vida adulta en múltiples campos. Valencia 826 se encuentra en una zona popular en la que muchos de los niños y jóvenes no tienen acceso a una enseñanza individualizada, pero además, el centro funciona como lugar de reunión o simplemente como un entorno tranquilo, familiar y agradable en el que hacer los deberes o profundizar sobre algún tema que no quedó demasiado claro en la escuela.

Para materializar la idea, se trabaja sobre cuatro áreas fundamentales: actividades en las escuelas, en las que un grupo de monitores asiste al maestro en el desarrollo de un proyecto temático previamente acordado con el tutor; excursiones temáticas organizadas con los maestros de la escuela en la que se profundiza en diferentes temas que los niños estén tratando en el aula, entre ellas la más popular es «Storytelling & Bookmaking» en la que los niños deben crear finales para tres distintas historias, así como participar del proceso de producción del ejemplar final; apoyo de tutorías para tareas escolares o elaboración de historias propias, y talleres de trabajo en los que se imparten materias fuera del temario académico, tanto para niños y jóvenes, como para mayores.

Pero su aportación no se queda ahí, pues la organización entrega tres becas anuales de 10.000 dólares con las que premia a tres estudiantes que hayan destacado a lo largo del año escolar, la única condición es que posean una pasión especial por la escritura. Un gesto simbólico pero de gran importancia, pues se fundamenta en la idea de que el apoyo por sí solo no basta, ya que resulta necesario que se de la oportunidad de seguir trabajando, de formarse para el futuro, en un entorno en el que el acceso a la universidad implica también dificultades económicas para quien tiene menos recursos.

Ideas innovadoras hasta en la metodología, ya que cuentan con un misterioso editor que vive en el trastero de nombre Mr. Blue. Este particular habitante conoce cada historia jamás contada y cada libro que se ha escrito. Desde su escondite, debe dar la aprobación a las historias de los niños que como única exigencia han de tener en cuenta que la historia que están creando deba ser completamente original. Durante las lecciones, el maestro Eggers toma múltiples notas sobre las observaciones de los alumnos: «quiero que los niños vean que nadie lo hace perfecto a la primera».

Una idea con gran potencial

De la labor desempeñada por 826 Valencia han nacido otras seis hermanas que se agrupan bajo el paraguas de la organización nacional, y que se reparten entre Brooklyn, Ann Arbor, Los Angeles, Seattle, Boston y Chicago. Todas ellas realizan el mismo tipo de actividades, y en el frente presentan originales tiendas entre las que se puede visitar una de espías, otra de superhéroes u otra dedicada a los viajes en el tiempo.

Los más de 1.200 voluntarios en San Francisco hablan de su experiencia y emplean para ello palabras que parecen describir una realidad casi utópica, en la que la única cosa que se lamenta es no haber contado con más tiempo a disposición para pasar en el centro. Un centro que no se olvida de ellos y, para demostrarlo otorga el premio al maestro del mes que consiste en 1.500 dólares. Un premio simbólico para destacar una labor no remunerada. «Es la norma sobre la que trabajamos aquí» dice Nínive, reponsable de los programas del centro.

Una mente inquieta dispuesta a arreglar el mundo

El cofundador Dave Eggers es una mente inquieta que se manifiesta a través de su constante gestualidad. La primera novela que publicó en el año 2000 narraba la historia de como se había hecho cargo de la educación y crecimiento de su hermano a la muerte de los padres. ¿Resultado? Una nominación al Pulitzer. A partir de ese momento no ha dejado de escribir libros que promueven una visión más completa del Tercer Mundo para los más pequeños o textos con interesante aportaciones de diseño como la falta de portada de «Ahora sabreís lo que es correr».

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Imparable ha fundado una de las publicaciones (y web) más innovadoras del panorama editorial, del título McSweeney’s y The Believer que dan cabida a los «relatos huérfanos» que los escritores mandan una y otra vez a las casas editoriales, pero que nunca vienen publicados. Una revista que, además, cambia de formato en cada uno de sus numeros y que entre sus columnistas cuenta con Javier Marías, Nick Hornby, Sebald y José Saramago. Y su trabajo no se para ahí ya que ha puesto en pie su propia casa editorial, una fundación destinada a ayudar en África y una web en la que se pueden explicar los proyectos educativos realizados en distintas escuelas del mundo, poniendo en relación a maestros para compartir experiencias y quizás, nuevas ideas a desarrollar. Elegido por la publicación «Times» como una de las 100 personas más influyentes de los Estados Unidos de América.

En la Conferencia TED (Technology Entertaiment and Design) de 2008 se premió a Eggers. Se trata de una conferencia muy especial, pues en ella, los premiados deben de expresar un deseo, algo que desde su punto de vista pueda hacer del mundo un lugar mejor. El deseo de Eggers fue el siguiente:  «Deseo que todos vosotros -vosotros personalmente y cada una de las individualidades creativas y organizaciones que conoceis- encuentre un modo directo de comprometerse con una escuela pública de su zona y que una vez hayáis desarrollado la actividad, contéis la historia de cómo os involucrásteis. Así, dentro de un año, tedremos mil ejemplos de transformaciones hacia el cambio». Por suerte, en Dublín ya ha germinado el primer centro que sigue sus pasos: Fighting Words.

El único en Europa

Eggers, al manifestar su deseo, sabía que para ello era necesario poner un punto de encuentro, crear un espacio de sinergias e ideas, que funcionara como inspiración para muchos otros docentes repartidos por todo el globo. Así, sentó las bases para que su sueño pudiera ser realizado creando la página web Once upon a school, o lo que es lo mismo, había una vez una escuela.

Fruto de esa inspiración y de la voluntad de volver a poner a la cabeza de la lista la expresión escrita y la  creatividad más esencial, a principios de este año se ponía en funcionamiento su único hijo en territorio europeo: el taller de escritura Fighting Words ideado por Roddy Doyle y Sean Love. Situado en el barrio de Ballybough, el centro se encuentra en un entorno muy similar al del 826 Valencia.

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La realidad del acogedor espacio de Fighting Words es muy distinta a la de su pariente americana. Las estanterias de las paredes muestran unas librerias en las que aún faltan muchos libros por colocar, y los que se encuentran hasta el momento son fruto de las donaciones privadas, de escuelas o de asociaciones. Sin embargo, desde que comenzara a pasito tímido su andadura en el mes de enero, ha registrado unas cifras que prometen: hasta junio del presente año tienen todas las actividades completamente reservadas, el próximo mes de septiembre comenzarán a realizar actividades con una escuela con la que trabajaran durante todo el año escolar, y cuentan en la actualidad con una base de datos que reúne a más de 350 voluntarios de los que «al menos 40 ya han venido un par de veces a visitarnos y participar», dice Sara Bennet, responsable del taller.

Una extraña sensación invade al visitante la primera vez que se acerca a este centro. En la fachada una pantalla reproduce pasajes de las distintas historias que han poblado nuestras infancias, Peter Pan y Alicia muestran, en versión multimedia, sus más célebres declaraciones. Al ingresar, acoge el bullicio de un grupo de voluntarias que sobre una pizarra plantean las distintas ideas a poner en práctica en el taller que dará comienzo en apenas 40 minutos. Me atiende Sara Bennet con una amplia sonrisa y brillantes ojos azules: «Ah, sí, la periodista española. Te puedo atender pero sólo tengo 20 minutos». «No importa, es suficiente». Nos sentamos y ella explica: «Aquí todavía estamos empezando. Desarrollamos programas acordados con los profesores de las escuelas. Los niños vienen acompañados por sus tutores a sesiones de 2 horas en las que elaboran historias».

Por el momento los programas tienen una duración de una a seis semanas, «algunas escuelas vienen una vez, otras un par, muy pocas realizan largos programas. Es una suerte que en septiembre vayamos a comenzar a trabajar con una escuela de la zona, a la que seguiremos durante todo el año».

Los miércoles desarrollan también el Club de escritura en el que jóvenes de 8 a 12 años pueden traer sus propias historias para recibir consejos o «simplemente para encontrar un lugar en el que escribir tranquilos», dice Sara Benett.

Entre los voluntarios cuentan con personas de todas las edades y grupos sociales, jubilados que buscan un lugar en el que ayudar y contar sus historias, desempleados que ante el exceso de tiempo libre «buscan dar una estructura a sus jornadas» o estudiantes universitarios que convalidan sus horas de voluntariado por créditos académicos. El centro realiza dos programas de entrenamiento de voluntarios al mes. Después, los participantes se registran en una red y mediante un calendario realizan su inscripción en los días en los que quieren participar. En la actualidad la base de datos de los inscritos cuenta con más de 200 entradas y en el día a día se emplea a 40 de ellos, divididos en dos turnos proporcionales de mañana y tarde. «Te muestro algunos ejemplos» dice la señora Benett mientras se levanta presurosa, y trae devuelta consigo tres librillos. En ellos, un dibujante ha realizado tres ilustraciones y los niños, posteriormente, han escrito una historia para cada uno de los diseños.

A Sara Benett se le dibuja una sonrisa de niña, un poco traviesa, y cuenta que a los niños se les dicen que en el centro hay un excéntrico editor que declara que los niños no saben escribir historias. Se llama Mr o Mrs Cranky («dependiendo de la ocasión») y se parece mucho a su primo Mr Blue, que reside en San Francisco en el 826 de la calle Valencia. Este misterioso personaje sólo pone dos condiciones para la realización de los textos: deben ser completamente originales y no deben dar cabida a la violencia. «Te sorprendería descubrir con qué facilidad los niños están dispuestos a renunciar a la violencia». Me tengo que ir, nos estrechamos la mano a la entrada. Salir de este mundo mágico en el que los cuentos aún no han perdido su espacio en los sueños y la vida de los niños, genera una mezcla nostalgia y ganas de ponerse a escribir. Fuera, el tiempo se esfuerza por poner de su parte, y Dublín regala una espléndida mañana de sol.

Gossip Politician

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Sólo el móvil y los completos de diseño les falta. Porque pareciera que en estos días llegamos a rozar el absurdo. Berlusconi y todos sus líos, de faldas, de aviones, de fiestas, y es una cuestión de Estado. Y digo Estado con la mayúscula, porque me desvano los sesos hipotizando sobre como un país de pensadores y pensantes (ayer, hoy y mañana) pueda permitirlo. Pueda mirar el show del cavaliere. Comprar el producto pensado por una máquina del marketing que ni Asimov se habría soñado.

Y entiendo que pueda parecer gracioso a algunos, preocupante a otros, desconcertante a tantos. Yo no puedo pensar en la cuna del italiano y su melodía, de Dante y entender que Italia sea el país con el menor índice de lectura de Europa. Mi mente no es capaz de dilucidar cuál ha sido el proceso desde Da Vinci, Caravaggio o Tiziano hasta la televisión italiana, la imagen moderna, ¿espejo de?. ¿Cómo puede ser que en italia naciera el Derecho y en sus autobuses nadie pague un billete (no nos metamos en la declaración de la renta)? ¿Como pueden haber nacido en sus tierras Darío Fo y Rita Levy y que hoy en día lo único capaz de hacerse al país sentir una nación sean unos Mundiales de fútbol?

Berlusconi compra la información, la de mentira, la de verdad. Y de todos modos qué más da, la verdad también es suya. En Italia no hay mafia, y por si lo piensas yo te pongo en la tele le velline, aquí no existe corrupción política, y por si se te pasase por la cabeza pensarlo, te pongo en el programa de máxima audiencia de la televisión pública un programa especial acerca de las operaciones estéticas de gran moda. Por que se las hacen las famosas. ¿Desigualdades sociales? En cualquiera de sus canales, dos celebrities del momento que se enzarzan en una discusión absurda (en la que objetivamente, tú espectador no entiendes ni una palabra) con un exitazo del 23 por 100 de share.

Da igual. Las verdades como puños a él le resbalan por su cara de cera. Por que pasa una, pasan dos, pasan tres… y no pasa nada. Señores, el italiano del que todos se ríen, del que todos se asombran es el presidente de Italia. El presidente. Ha hecho de la política una serie de mediodía de Antena 3. Con su publicidad y todo. Con sus balances (encima con truquito del almendruco) de millones de euros. Y ahora, estoy hablando de las cosas serias, de las que huelen más allá de la banderita azul plagadita de estrellas. De la crisis que están afrontando las familias italianas mientras él les muestra por la tele como pasa las vacaciones en Cerdeña o donde toque. Del subdesarrollo en el que se encuentra el sur de Italia, donde los containers en Gioia Tauro son un símil escalofriante de la antigua caja de Pandora, donde el “algo habrá hecho” es todavía una excusa. Cuando uno enciende la tele en Italia, a cualquier hora, en cualquier lugar, y en cualquier canal oye cosas tremendas.

Yo soy de parte, y lo reconozco. He amado ese país por sus habitantes. Tantas las personas que he conocido, en el máster, en el trabajo, en el Erasmus, en la calle, donde el azar nos conduce a los mejores encuentros. Son ellos los que me han hecho, no entender pero sí empatizar. Son cabezas brillantes, de pensamientos brillantes. Y no saben a quien votar. Esa debe ser una difícil carga, yo no sabría que hacer. La conciencia del deber de votar por una parte, pero por otra: ¿si nadie me representa? ¿Cómo hago si los candidatos cuando yo jugaba en el jardín de infancia ya hacía 30 años que estaban en el Parlamento? ¿Cómo pueden saber esas personas qué es lo que necesito? ¿Cómo podrían nunca empatizar con mis necesidades? A muchos, cuando hablan de Berlusconi, les gusta jugar con la metáfora de la máscara. Leí hace tiempo un brillante reportaje en L’Espresso, y ayer uno igual de genial en el Times. Sin embargo, la mayor gravedad del asunto, es que no existen máscaras. Que yo en casi cuatro años pasados en ese país, no he visto jamás a ese señor como algo diferente de lo que es.

Creo que estamos muy cerca y que debemos ser más críticos. Quizás allí Berlusconi haga pagar dentro de poco un centimillo por cada sueño. Aquí seguiremos buscando las razones, y las respuestas. Por que yo tengo allí un montón de pedacitos de corazón. Y estoy convencida, de que merecen algo mucho mejor.

Libertad… de insulto

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Ser periodista no es fácil. Uno se equivoca, constantemente, y todos lo ven. Se tiende a pensar que los periodistas son profesionales que manipulan la información, tendenciosos, ocultistas, partidistas. No, ser periodista no es fácil. Escribir un texto aséptico, neutro, resulta imposible, pues aunque ya sea en las palabras que selecciono para expresarme, muestro la esencia de mi pensamiento. Pero es que yo tampoco creo que el periodista deba temer a su pensamiento, como el cirujano a un gérmen en su sala operatoria. La cuestión es que deben de existir tantos periodistas como opiniones y que esa pluralidad sea la que de la oportunidad al receptor de contrastar los distintos puntos de vista para, posteriormente, elaborar uno propio.

La vida no es blanco y negro, ni PSOE ni PP, ni ABC o El País, ni norte ni sur. Lo que fue tremendamente horrible ha terminado siendo una justificación histórica, y lo que fue tremendamente bueno ha terminado por constituir un ejemplo del que aprender, ¿qué fue del «pienso, luego existo» si el periodista se convierte en mero repetidor de la actualidad, sin darle un valor, sin situarlo en un contexto?

El señor Almodóvar se sube a la parra y acomete contra El País porque considera que las críticas a sus películas son sesgadas o injustas. Yo no he visto «Los abrazos rotos», y si no lo he hecho, no ha sido por las críticas de El País, sino de muchas personas que me han dicho que no valía absolutamente ni el billete del día del espectador. Pe & Pe la pareja más dorada del panorama cinematográfico español. Como si esto fuera garantía de calidad. Dice Almodovar, después matizando en su blog, que en Francia la crítica le trata mejor. El míster debería conocer bien el entramado de la industria cinematográfica, ya que lleva en ella una vida entera, y saber que casi todo (por no decir todo, que de vez en cuando la sorpresita off the record, sale a la luz) funciona made in departamento de marketing.

Que en Francia o en Estados Unidos, a ambos, los archiconocen por la promoción de sus películas (ojo, sin quitarle mérito a la calidad de algunas de sus producciones) y que al resto no les conocen porque quizás los presupuestos no dan para alfombra roja y trajes de hace 60 años. Hemos entrado en la dinámica del «creáte la fama, y échate a dormir» a un nivel tan, pero tan, absurdo que ahora ya no se podrá decir nada de nadie antes de consultar su lista de premios. Quizás debería el manchego sentarse en una silla y pensar qué es lo que ha hecho en sus últimas producciones, entender que Penélope Cruz (para mí, actrices más pésimas hay pocas) no es siempre garantía de halago, aunque lo pueda ser de taquilla y que la manipulación la hace él al pretender acallar a quien es disidente del Almodovar starsystem.

El Comité de redacción del diario ha emitido un comunicado en defensa de sus colegas periodistas. Un comentario a pie de página anima al director diciendo que los periodistas no nos criticamos entre nosotros. Se equivoca, yo critico a quien da una información falsa, a quien esconde hechos, a quien se somete a la información del patrón de turno, critico la mentira y la poca ética periodistica. Pero no a quien, realizando su labor como crítico (y no perdamos de vista el significado de esta especialidad periodística) manifiesta su opinión. Cierro con una citación al comunicado, para mí la esencia: «Su deber es seguir intentando ofrecernos no sólo buenas películas, sino obras maestras como las que se cuentan en su filmografía. El nuestro ofrecer a nuestros lectores la opinión que éstas nos merecen, le guste o no al director».

Quien entienda el párrafo que me lo explique…

La idea de que el caso fue fruto de una imprudencia se desvaneció ante la Trillo movilizó al Estado para intentar anular el caso acumulación de falsedades del ministerio desde que se produjo el siniestro, el 26 de mayo de 2003, hasta el 2 de marzo de marzo de 2004, días antes de las elecciones generales en las que PP perdió el Gobierno. Ese día, el número dos de Trillo, Javier Jiménez-Ugarte, envió una carta a los familiares en las que tildaba de “campaña sensacionalista y cruel” lo publicado en los medios sobre los errores en las identificaciones. El general Navarro admitió en el juicio que le pudieron “bailar los números”. En la última sesión alegó que solo “dulcificó” las autopsias para evitar el sufrimiento de los familiares.

Fuente: El País

Podría escribir los versos más tristes esta mañana

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Si a uno

le dan

palos de ciego

la única

respuesta eficaz

es dar palos de vidente.

Pero no voy a hacerlo, porque a él, los versos tristes no le habrían gustado. Porque durante sus 88 años de vida Mario Benedetti no trajo más que maravillosa poesía a mi vida, porque él era un acérrimo defensor de la alegría y porque allá donde haya llegado serán tremendamente afortunados los que puedan disfrutar de su presencia, aunque ésta sea metafísica, aunque su sonrisa se haya hecho etérea. Mario entró en mi vida a través de sus libros de poesía para jóvenes que mil veces subrayé y releí convencida de que funcionasen como manifiestos para un mundo mejor.

El poeta de la eterna resistencia me mostró las grietas del alma del exiliado gracias al preciso retrato elaborado en Andamios; nos mostró su genial narrativa en el libro de cuentos De la muerte y otras sorpresas, con especial mención a su Ganas de embromar, que de forma irónica puso en primer plano una realidad poco conocida para los que nunca asistimos a las labores de espionaje de los gobiernos, más o menos irónicos, más o menos de teatrillo.

Benedetti fue un hombre único, de los que quedan pocos, de los que cada día nacen menos. Comprometido, ya no con la socidad, sino con la esperanza y la posibilidad. El poeta incansable que armado de versos no abandonaba el campo de batalla, el escritor de sonrisa perpetua a quien de los labios siempre le colgó, así de ladito, la sátira. Un genio de la palabra que en apenas un ejercicio de sintaxis lograba apuntillar la obra, como lo hiciera Miguel Ángel sobre la piedra.

Una pérdida mucho más que física, pues lo que extrañaré sobre todas las cosas del señor Mario será su incansable creencia de que quienes poblamos esta tierra seamos capaces de superarnos, de aprender de nuestras guerras, de analizar y de reflexionar. Ayer, hoy y mañana sus palabras quedan impresas en nuestra mente, imborrables y características de la lucidez de la contraofensiva con la que abría este post, en memoria de uno de los más grandes personajes de la paz de nuestro siglo, sino de todos los tiempos.

Ya te echamos, terriblemente, de menos.

Bonjour buon giorno guten morgen,

despabílate amor y toma nota,

sólo en el tercer mundo

mueren cuarenta mil niños por día,

en el plácido cielo despejado

flotan los bombarderos y los buitres,

cuatro millones tienen sida

la codicia depila la amazonia.

Buenos días good morning despabílate,

en los ordenadores de la abuela ONU

no caben más cadáveres de Ruanda

los fundamentalistas degüellan a extranjeros,

predica el Papa contra los condones,

Havelange estrangula a Maradona

bonjour monsieur le maire

forza italia buon giorno

guten morgen ernst junger

opus dei buenos días

good morning Hiroshima

despabílate amor

que el horror amanece.

Cada cosa por su nombre, cada nombre por su ley

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Centro de planificación familiar. Zona Noviciado, Madrid. Domingo cualquiera, 10:30 de la mañana. Una sala atestada de jóvenes, la mayoría muy jóvenes. A una cierta hora, bajan la persiana metálica «No puede seguir entrando gente. Ya con la que hay no saldremos a las 15 hrs que es nuestro horario de cierre» Aún con la persiana a medio bajar, tantos se asoman «Por favor, es una emergencia» Un chaval, voluntario, fantástico, intenta hacer un hueco, que entre alguno más, aún a riesgo de perder toda su tarde libre.

Miles las charlas entre amigas, de verdaderos incidentes sexuales tras los que nos hemos visto obligadas a peregrinar de un centro a otro, a quemarnos las manos con las castañas del propio fuego porque resulta que a partir de los 25 años, un incidente se cree sea un milagro y la cantidad de centros a nuestra disposición se reducen muy pero que muy considerablemente. Mientras, una chica vestida apenas con una blusa, delante mío dice tener 15 años, y con la indicación de una mano se la dirige hacia la consulta del doctor. No voy si quiera a comentar la cantidad de centros de este tipo que cuentan entre sus plantillas con un sinnúmero de objetores de conciencia (todos mis respetos a sus conciencias pero no es el lugar más apto para desenvolver sus funciones).

La píldora postcoital vuelve a la actualidad en estos días. Su acceso será más fácil, eso dicen. No me lo creo, digo yo. ¿No responderá más bien al hecho de que hasta hoy muchos centros la dispensaban de modo gratuito y a partir de ahora, de venta en farmacias, pagaremos la interesante cifra de 18 euros? ¿No hará esto que quien antes la compró por un verdadero incidente lo hará igual, mientras que la gente con menos recursos (muchas veces no sólo económicos sino también de información y oportunidades) tenga que hacer frente a otros métodos o a una prole que no puede mantener? ¿No tendrá nada que ver que el grupo poblacional que más aborta es el que va de los 20 a los 24 años, seguido por el de edad inferior a los 19?

Si aún con estas iniciativas, de fachada más que nada, el índice de consumo de la mencionada píldora y de las interrupciones de los embarazos va siempre camino a las estrellas ¿no será que el error está en otra parte? ¿No tendrá nada que ver señores políticos, con el hecho de que a día de hoy la Educación Sexual no es materia obligatoria en la escuela? ¿o que en las que se imparte se reduce a la explicación de como ponerme un Tampax? ¿No tendrá que ver con el desarrollo de unas nuevas generaciones que finalmente han encontrado el modo de «ser mayores, aún siendo niños»? ¿No tendrá que ver con las pagas exorbitantes o con la falta de atención no sólo de padres, sino de la sociedad en general? ¿No podemos relacionarlo en algún modo con ser el país europeo con el mayor consumo de cocaína? ¿y con las estadísticas por las que pillarse una descomunal melopea cada fin de semana con 12 años es normal?

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Hoy se ha publicado la noticia sobre las modificaciones en la Ley que regula la posibilidad del aborto. Era hora. Sin embargo, no se la tomen a la ligera, no es sólo motivo de celebración. Esta Ley, es la constatación de que las cosas están mal hechas, que se llevan haciendo mal mucho tiempo y que dará lugar a nuevas problemáticas si lo que hacemos es una casa de cartón piedra y no una con verdaderos andamios y cimientos.

Ayer o hace un año, antes de que estas modificaciones vieran la luz, abortar en España no creo que fuera algo dificil. Conozco la historia. Sé que la dificultad menos representativa ha sido la de encontrar un centro en el que abortar. En 2007 en España, según estadística del Ministerio de Sanidady Política Social, abortaron 112.138 mujeres, un canal de noticias recoge que 604 de ellas, por sexta vez, que se realiza un aborto cada 6,6 minutos y que esto supone la eliminación de 220 fetos al día. Son datos terribles. No creo que la solución a ESTOS problemas sea el derecho al aborto.

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No quiero dar lugar a malinterpretaciones: estoy a favor de la ley del aborto. Estoy convencida de que la mujer debe tener derecho a decidir sobre su cuerpo y sobre su maternidad. Creo que debe de contar con medios que le permitan tomar tales decisiones. Creo que es fundamental que se haya eliminado la posibilidad de ir a la cárcel, que se haya ampliado la posibilidad de elección y del periódo en el que descubrir que nuestro hijo padecerá terribles enfermedades para las que no tenemos curas, y podamos evitárselo y evitárnoslo.

Pero el problema no es ése. El problema es que de tanto poner sobre la mesa al tabú, nos hemos acabado poniendo nosotras, como en una mesa de autopsias, con hijas, amigas y conocidas. Sin saber decir que no, sin saber que a veces aceptar nos pondrá en situaciones de las que se sale con mucho más que un día de baja. Hemos dotado a la sexualidad de una ligereza tanto sana como peligrosa, y hay que reconocerlo, se nos ha ido de las manos.

He sido tremendamente afortunada, recibiendo en mi casa una educación sexual ejemplar. El amor y el sexo, juntos, revueltos o como haga falta nunca han sido algo sobre lo que me hiciera grandes problemas. Se me ha educado desde la prevención, en sus mil aspectos y pocas veces he tenido que (volvamos al principio) recurrir a alternativas del Estado (¿de Bienestar?) ¿tendrá alguna relación?. La ley es necesaria, si, pero de una vez por todas conseguir que la población entienda los riesgos reales de dichas prácticas también.

Este post va de corazón a las miles de mujeres que se tumbaron sobre una camilla, a las puertas del infierno. Ése día, independientemente del valor que se le quiera dar a un feto, una parte de ellas, grande o pequeña, quedó en el camino. Fueron relativamente tocadas por una varita mágica, otras no se levantaron nunca de la camilla. Mujeres vieron salir de entre sus piernas el resultado de una violación, porque aunque la Ley lo ampare, la ley del silencio o de la familia que se impone en muchos lugares de España (y del mundo) así comanda. Hijos fueron maltratados, abandonados, encerrados porque quizás no estaban en el lugar adecuado, en el momento adecuado.

Niñas se abrieron el vientre, montaron a caballo hasta sentir los huesos rotos; niñas se miran en el espejo y ven su reflejo distorsionado entre la realidad del «habría de ser» y la del «no supe que hacer». Miles de mujeres en un día terrible, en un momento terrible. Por todas ellas, por las que están por venir. Ley si, parches no.

Imágenes: Anaiszub, Patin Nadal y Una argentina provida

Efectos adversos de la crisis

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«No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a las personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar «superado». Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar para superarla».

Más de medio año, y esta omnipresente crisis nos sale ya hasta por las orejas, por cada rendija, en cada frase compuesta y en cada oración simple. La crisis, ese gran monstruo de fauces negras y ojos rojo sangre que parece acechar bajo la cama, dentro del armario e incluso sobre la mesilla de noche. Todo lo toca, todo lo contamina, todo lo empaña. Ríos de tinta, y de palabras, ante una situación que el transcurso de la historia ha demostrado siempre ciclíco.

Es evidente y patente. Quizás el lado más amargo de esta crisis adopte forma de cifra, de sucesiones de esas que en el cole nos explicaban como geométricas, armónicas y largo etcétera en representación de un incremento exagerado en las cifras de paro. Es el lado más humano de la crisis pues es el que en relación directa dificulta el estado de supervivencia de muchas familias. Mi post no pretende ofenderlas, dejarlas de lado o mermar la importancia del impacto que la situación tiene sobre ellas. Pero no puedo dejar de sumarme a las palabras del genio.

Muchos de los componentes de mi generación viven el problema cotidiano del mercado laboral y su famosa inestabilidad, muchos también consideran que cobrar el paro sea más cómodo e implique menos esfuerzos; muchos se quejan de los bajos sueldos y la poca capacidad adquisitiva, pocos renunciaron a salir los fines de semana, a utilizar el coche aún sin necesidad del mismo, o a reducir el índice de consumo de bienes de segunda, tercera o decimoquinta necesidad.

La generación «Y» le han puesto (por razones no importantes al tema) y yo lo recojo como la conjunción traducible en la acción de añadir. Respecto a las generaciones pasadas nosotros no hemos hecho más que añadir necesidades superfluas a las que ya no sabemos renunciar, y frases como «apretarse el cinturón» nos suenan a épocas de postguerra que por desgracia aparecen tras una pátina gris, lejana, una realidad casi de película, en la que no nos sentimos agentes, sino meras víctimas colaterales.

Paseando por Preciados el otro día con mi madre, una chica tenía ante sí un enorme pedazo de papel en el que los transeúntes podían escribir sus propuestas para reducir la pobreza en el mundo. Mi madre, muy sintética, escribió: reducir el índice de consumo. Apliquemonos el cuento, que la crisis pasar, pasará, pero nosotros también tenemos que bajarnos un poquito de la mula de las alforjas de oro, que muy a nuestro pesar, la racha de oro de nuevos ricos ibéricos, está pasando un momento de grave dificultad.

Aparecer por encima del ser

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Esta mañana, directo a mi correo siempre gracias a la voluntad de difusión de la incansable Nagore, un vídeo de esos por los que a veces, uno se escandaliza más al entender la necesidad del mensaje, que por el propio contenido. Resulta vergonzoso que el vídeo tenga que ser hecho para que miles de millones de mujeres se cuestionen cuál es su rol dentro de la sociedad y cómo la utopía de ese rol se queda en eso, en una utopía. La idea del video la conocía, muchos de los comentarios que ha suscitado, los esperaba.

En sí el vídeo habla de como los medios de comunicación, principalmente en Italia pero sin que ello excluya a ningún otro país, han terminado deformando la figura femenina hasta convertirla en lo que el colectivo masculino proyecta en su imaginario. No nos engañemos, la culpa es tanto de los hombres como lo es la televisión basura de los periodistas. Se complementan, pero no tienen una inminente relación causa efecto.

El hombre, como la mujer, disfruta de la belleza física y probablemente siente tan impuesta como cualquier otro colectivo la imagen de lo que debe considerar bello. ¿Imaginan la cara de un grupo de chavales si uno dijera «Mira que pivón es Esther Cañadas» y otro contestara «Bueno, a mí la que realmente me parece un pivón es Carme Chacón»? No porque la una sea más guapa que la otra, no porque una sea más inteligente que otra, las que están buenas, por antonomasia pueblan las portadas de las revistas masculinas, imponiendo un modelo (probablemente, eso sí, más cercano al suyo que al nuestro) de lo que es, ya no la belleza, sino el atractivo sexual.

Hace tiempo leía un artículo en el que se decía que la directora de Vogue en Estados Unidos y la excandidata al gobierno Hillary Clinton, habían tenido un rifirrafe porque la segunda se había negado a realizar una sesión de fotos, alegando que eso disminuiría su imagen de poder transformándose en una más débil y femenina. La mujer se mira desde la óptica del hombre y ahí viene el verdadero peligro. Pues no por culpa de ellos, pero sí a causa de ellos, la mujer se ha visto relegada a un segundo plano, ha tenido que luchar por el derecho al voto, por el uso de los pantalones, de los anticonceptivos, y por su ingreso a la universidad, en definitiva a la sociedad.

No podemos adoptar el prisma de quien, no importa tanto ahora pues estos procesos son largos y se ven con el paso de los años, en pasado vio a la mujer como un ser limitado. El cortometraje es en italiano, pero no puedo más que recomendar su visionado, independientemente de la lengua que se hable, pues las imágenes son de un impacto abrumador. Minifaldas que bien podrían definirse bragas sin costuras, escotes, posturas esperpénticas que dejan a la vista vaginas, pechos, muslos, vientres.

Un cuerpo violado, sobreexpuesto, toqueteado, visionado y diseccionado ante la cámara. Una mujer medio desnuda que se deja caer agua por encima, que muestra un tatuaje escondido, que entreabre la boca en un simil muy provocador. El peor porno de la historia, no porque sea porno sino porque se esconde bajo la palabra entretenimiento, ha poblado nuestras pantallas a ritmo de canción del verano. No soy inquisidora de la sexualidad, ni mucho menos, creo que la mujer no tiene por que tapar las partes más hermosas de su cuerpo (sean estas acordes o no a los cánones sociales) pero defiendo que sea ella a elegir qué mostrar o qué esconder.

Y no quiero que se vea en este discurso mío un matiz conservador. Bienvenida sea la que quiera ver su cuerpo en el modo que mejor le parezca, pero debe ser una elección suya. La peor paliza que la sociedad nos ha podido propinar (y que a los hechos me remito, aún a años pasados no hemos variado ni un mínimo) ha sido ofrecer el mecanismo por el que las mujeres deben decidir si ser hermosas y estúpidas, o feas e inteligentes. No es así, pero desde luego «la caja tonta» no ofrece muchos ejemplos de ello. No sé si las bailarinas de la televisión son mucho, poco o medianamente inteligentes, no conozco a ninguna. Pero si creo que muchas actúan como si fueran estúpidas porque creen que ese sea el único modo.

Se pregunta la narradora del vídeo cómo puede ser que las mujeres no hayan salido a las plazas, indignadas ante el modo en el que venimos representadas en la televisión. Me pregunto yo cómo es que no han salido hombres y mujeres a mostrar su indiganción por la dictadura de un modelo de plástico donde ya no queda huella alguna de la mujer original. La expresividad de los gestos se ha borrado con botox, silicona y otros derivados. Pareciera una paradoja, parafraseando el vídeo, la frase que la Magniani le decía al maquillador en un rodaje de Pasolini «No me borres ni una arruga, me ha costado una vida conseguirla»

El problema no es de los hombres ni de la sociedad, el problema es nuestro que terminamos pensando que debíamos de ceder a sus trucos para conseguir lo que merecíamos. Tengamos la paciencia de cambiar desde la esencia, desde nuestra propia confianza y amor, ya no a nosotras mismas, sino a las muchas, millones de mujeres que pueblan este planeta. Somos igual que ellos ¿por qué deberíamos demostrarlo?

Sacad vuestra belleza a la calle y elegid bien el envoltorio, no en base al contexto en el que nos sumergimos al traspasar el portal, sino a lo que sentís, a lo que veís, a lo que os toca, a lo que VOSOTRAS y sólo vosotras queréis ver como vuestra imagen. Fuera hace un maravilloso día de sol y el resto son, hablando mal y pronto, gilipolleces.

Ilustración: Daniel Tubau