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Podría escribir los versos más tristes esta mañana

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Si a uno

le dan

palos de ciego

la única

respuesta eficaz

es dar palos de vidente.

Pero no voy a hacerlo, porque a él, los versos tristes no le habrían gustado. Porque durante sus 88 años de vida Mario Benedetti no trajo más que maravillosa poesía a mi vida, porque él era un acérrimo defensor de la alegría y porque allá donde haya llegado serán tremendamente afortunados los que puedan disfrutar de su presencia, aunque ésta sea metafísica, aunque su sonrisa se haya hecho etérea. Mario entró en mi vida a través de sus libros de poesía para jóvenes que mil veces subrayé y releí convencida de que funcionasen como manifiestos para un mundo mejor.

El poeta de la eterna resistencia me mostró las grietas del alma del exiliado gracias al preciso retrato elaborado en Andamios; nos mostró su genial narrativa en el libro de cuentos De la muerte y otras sorpresas, con especial mención a su Ganas de embromar, que de forma irónica puso en primer plano una realidad poco conocida para los que nunca asistimos a las labores de espionaje de los gobiernos, más o menos irónicos, más o menos de teatrillo.

Benedetti fue un hombre único, de los que quedan pocos, de los que cada día nacen menos. Comprometido, ya no con la socidad, sino con la esperanza y la posibilidad. El poeta incansable que armado de versos no abandonaba el campo de batalla, el escritor de sonrisa perpetua a quien de los labios siempre le colgó, así de ladito, la sátira. Un genio de la palabra que en apenas un ejercicio de sintaxis lograba apuntillar la obra, como lo hiciera Miguel Ángel sobre la piedra.

Una pérdida mucho más que física, pues lo que extrañaré sobre todas las cosas del señor Mario será su incansable creencia de que quienes poblamos esta tierra seamos capaces de superarnos, de aprender de nuestras guerras, de analizar y de reflexionar. Ayer, hoy y mañana sus palabras quedan impresas en nuestra mente, imborrables y características de la lucidez de la contraofensiva con la que abría este post, en memoria de uno de los más grandes personajes de la paz de nuestro siglo, sino de todos los tiempos.

Ya te echamos, terriblemente, de menos.

Bonjour buon giorno guten morgen,

despabílate amor y toma nota,

sólo en el tercer mundo

mueren cuarenta mil niños por día,

en el plácido cielo despejado

flotan los bombarderos y los buitres,

cuatro millones tienen sida

la codicia depila la amazonia.

Buenos días good morning despabílate,

en los ordenadores de la abuela ONU

no caben más cadáveres de Ruanda

los fundamentalistas degüellan a extranjeros,

predica el Papa contra los condones,

Havelange estrangula a Maradona

bonjour monsieur le maire

forza italia buon giorno

guten morgen ernst junger

opus dei buenos días

good morning Hiroshima

despabílate amor

que el horror amanece.

La lectura os hará libres

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Narra la leyenda que la celebración del día del libro se debe a que en esa fecha señalada, 23 de abril, del año 1616 murieron tres grandes de la literatura, no contemporánea sino de todos los tiempos. Los tres mosqueteros en cuestión eran Shakespeare, Garcilaso de la Vega y Cervantes. La realidad, mucho menos dada a estos giros literarios, es otra pues Shakespeare se regía por un calendario distinto al nuestro por el que la fecha real de su fallecimiento, para nosotros, habría sido allá por el mes de mayo, y Cervantes, si bien fue enterrado el 23, como resulta imprescindible para que esto acontezca, había muerto el día anterior.

Le doy a la literatura un peso muy especial. Quizás por un factor intimamente personal que relaciona el acto de la lectura con un dulce recuerdo de mi infancia ya que creo que así sucedió yo aprendí a leer con mi padre, durante una ausencia de mi madre, en la que él se sentaba en mi cama a leer cuentos una y otra vez hasta que la conformación de las palabras para mí fue una cuestión de memorización. Pero quizás se trata de un recuerdo más romántico que real. Desde ese punto mi vida ha ido siempre ligada al libro, a los cientos de libros que pueblan mis estanterías, a las miles de páginas recorridas y releídas.

De la otra cara de la moneda, le doy también un peso ideológico. Admiro celosamente a Guttenberg quien, a través de su imprenta, hizo posible que la cultura, el conocimiento, la ciencia y todo lo demás prescindiera de las enormes tipografías en oro para poder tomar una azada o situarse en una estantería de una casa cualquiera, para estar al alcance de todos. Creo que la literatura (de cualquier género, no me crean elitista en este asunto) es cultura, necesaria, indispensable para mantenernos libres. Saber cuales son nuestras posibilidades, lo que hicieron otros, no impide pero si dificulta enormemente la sumisión y el control por parte de quien observa desde el poder.

Así que no me detengo más en debates filosóficos, les deseo un muy feliz día del libro y les dejo, a modo de curiosidad o de apunte, 10 libros y 10 razones para buscar a través de la escritura de otros, la propia identidad política. Si lo desean estoy siempre contenta de recibir propuestas.

1. Noam Chomsky «Los guardianes de la libertad» porque fue el primer libro sobre política que leí en la facultad y marcó enormemente mi camino hacia la política.

2. Mario Benedetti «Andamios» el retorno de un exiliado a una patria que mucho ha cambiado desde los años de la dictadura.

3.  José Saramago «Ensayo sobre la ceguera» por ser un visionario de los caminos por los que anda y andará nuestra sociedad.

4. Karl Marx «El capital» porque hay clásicos que no pueden pasar al olvido.

5. Fédor Dostoievjsky «El idiota» por su maravilloso retrato de la sociedad rusa y por su irónico y brutal reflejo sobre la diplomacia y sus hermanas.

6. Thomas Hobbes «El Leviatán» porque desarrolla la teoría más interesante que jamás he llegado a leer sobre el pacto social y el miedo a los demás.

7. Enzo Biaggi «Quello che non si doveva dire» (en italiano) Maravilloso trabajo sobre la información eliminada por parte de los periodistas para construír una historia.

8. Marco Travaglio «La scomparsa dei fatti» (en italiano) perla periodística sobre la política italiana y la arbitrariedad del periodismo.

9. Saverio Lodato «30 anni di mafia» (en italiano) Un maravilloso cuanto exhaustivo recorrido por los últimos 30 años de la mafia italiana.

10. Arturo Pérez-Reverte «La Reina del Sur» La historia de una colosal narcotraficante mejicana que explica a la perfección los sistemas de narcotráfico, las mafias y el poder.

Fotografía: Cispeace

De mayor quiero ser Parag Khanna

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Me disculpo por una ausencia un poco forzada, un poco provocada. Buenas rachas y malas rachas, donde la segunda es contexto (éste de la enferocida crisis que alarga los dedos en busca del pánico colectivo) y la primera, fruto del esfuerzo personal. Vuelvo al blog con muchas ideas y textos, no como promesas sino como propósitos. Hace ya casi dos semanas tuve la oportunidad de asistir a una conferencia magistral de Parag Khanna, a quien supongo muy famoso por la cantidad de resultados google pero que, disculpen mi ignorancia, yo no había si quiera oído mencionar.

Parag Khanna es director de la Global Governance Initiative y Senior Research Fellow en el programa estratégico de New America Foundation. Es autor de múltiples libros, ha sido asesor geopolítico para las operaciones especiales de USA en Irak y Afghanistan. En 2008 fue mencionado por la revista Esquire como una de las personas más influyentes del s. XXI. Ha trabajado, además, en la reciente campaña presidencial de Barack Obama. El señor Khanna viaja por todo el mundo, es financiado en sus estudios por fundaciones como la de Naciones Unidas, e imparte sus lecciones, entre otros lugares, en la Georgetown University, en territorio comanche.

Sorprende su juventud, 30 años y su expresión de niño pillo. Habla 5 idiomas y sonríe de forma seductora, un poco como aquel que sabe haber visto cosas que los demás no vemos; un discurso brillante (perfectamente entendible en inglés) y una idea, la de hablar del segundo mundo, que demuestra el nacimiento de una nueva generación política, después de selvas de páginas manchadas con la tinta del desencanto juvenil en el campo ideológico y práctico.

Pocas veces encontramos entre informaciones y dilucidaciones el concepto del Segundo Mundo. Explicaba el autor que teniendo en cuenta las organizaciones destinadas a la cooperación (países ricos, en resumen) y aquellas conformadas por los países en vías de desarrollo (países pobres, si es que estos pudieran en algo, metafóricamaente, sintetizarse), se nos quedan bailando en el medio unos 100 países. Éstos poseen rasgos característicos del primer mundo y rasgos característicos del tercero. En la voluntad y desarrollo de las políticas de sus gobernantes, se acercarán más a una u otra orilla convirtiéndose en mercados emergentes (¡Bonus! Segunda posibilidad en la rueda de la fortuna del Dios Dólar) o «mercados miseria» (es decir, esos en los que yo tengo la materia prima pero como soy pobre me dan dos céntimos para poner mañana en el mercado mis tomates a 1,79 euros/kilo).

Sobre el tablero, tres son los jugadores, tres lo ejes de poder: Estados Unidos, quien en el último siglo ha detentado la soberanía absoluta y hoy, entre tanta guerra y tanto Bush, comienza a ver diezmada su posibilidad de presión en otros frentes sobre todo al otro lado del charco; China, la cual socialmente y en cuanto a medidas de sostenibilidad se gana un enorme suspenso para ser promocionada al Primer Mundo, pero cuyo poder económico y macrocaracterísticas le da un poder de influencia tremendamente persuasivo, y la vieja, reconformada Europa, quien poco a poco va extendiendo sus brazos en el intento de recrear aquella Santa Alianza, aquel imperio (mezcla de todos) capaz de poner la balanza de su lado.

En este símil de partida de Risk virtual-real, los tres colosos deben buscar estados satélites que resulten fuerzas de apoyo, recursos en cuanto a materias primas y mano de obra, mercados en los que experimentar el abaratamiento de costes de producción y la reducción de inversión en salarios. Estados Unidos baja la mirada y comienza a cuestionarse cuánto los hierbajos del jardín de la quinta (vale a decir Sudamérica) puedan llegar a complicarse en el futuro y se acerca a Brasil para establecer un foco de influencia sobre las potencias más «débiles», por sus guerrillas, sus miserías y por sus casas de hojalata, porque la inversión americana en tierras del sur siempre se demostró pagadora.

Europa, mientras, coquetea con Ucrania y Turquía. La primera con ese atractivo suministro de gas que une Rusia con Europa, la segunda con ojos de almendra y piel oscura, dispuesta a interceder ante la reticente familia oriental, en favor del amante esposo… Explicaba Mr. Khanna que ha sido así como Europa ha negociado parte de la explotación de petróleo en Irak, en detrimento del tío Sam.

Y la indescifrable China, esa que pacta con todos y no se alía con ninguno, esa que todo lo produce a un costo menor del que se pudiera si quiera imaginar, esa en la que cualquier experimento puesto en  marcha resulta el de mayor envergadura de la Historia de la Humanidad. China, como mancha de aceite, ha ido empujando desde sus fronteras como si de un globo en proceso de hincharse se tratara, hacia Malasia, Vietnam y Laos. Al mismo tiempo, y con las pocas palabras que les caracteriza, se va lavando la cara: medidas sanitarias, posibilidad de un segundo partido político, iniciativas de ahorro energético y sostenibilidad.

En fín, magistral Parag Khanna nos condujo a pasito lento pero seguro hacia la consideración de un Segundo Mundo, quizás todavía más determinante que el primero, pues es la influencia sobre ellos (como ya lo fuera durante el colonialismo) el rasero utilizado para medir la potencia y futuro de los primeros. El libro se llama «El segundo Mundo» Llega a nosotros gracias a la labor magnífica, como siempre, de la editorial Paidós. Eso sí, si les interesa, vayan a encargarlo, las estanterías de las librerías ya quedaron desnudas ante la genialidad de Khanna.

Libertad, una palabra…

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Hace unas semanas fui a ver al cine «El patio de mi cárcel».  Quizás soy una fan un poco extraña del celuloide pues aunque conozco muchos actores (de tanto verlos y volverlos a ver…) me confieso una increible y auténtica ignorante en cuanto a nombres de directores, e incluso del nombre exacto de muchos largometrajes. Así que cuando Nagore me propuso ir a verla al cine dije que sí porque me parecía curioso el título, pero sin saber nada de ella. Comienza ese ruidillo tan característico del proyector, se apagan las luces y poco a poco se va introduciendo la música.

Una historia que encierra, e historias de vidas que luchan por volar. Un grupo de mujeres en una cárcel femenina de mediados de los años ‘80 en España. No les desvelaré nada de la historia o historias. Creo, que esta es una de esas películas que deben entrar, en cada uno a su modo, lento lento para poder explotar luego dentro. Si, siento decirles que esta es una de esas películas que, a un cierto punto, te hacen dejar de respirar. Y, en mi opinión las razones son una banda sonora espectacular y una Candela Peña que es un espectáculo.

Pero mi post esta vez no va sobre la película en sí sino sobre una parte de ella, en la que la protagonista (fijense que ni me acuerdo como se llama…) le dice a una de las funcionarias de la cárcel que es más fácil vivir en una jaula y saber que se es prisionero, que vivir en libertad y no saber que hacer con ella. Y yo, que a lo que me impacta le doy mucha vuelta me pregunto si es que la libertad nos pesa demasiado… Lo sé señores, estoy contra todo tipo de opresión y limitación de la libertad… Pero realmente ¿no es más fácil seguir el camino, que andar entre cardos y piedras? Cuando tenemos demasiada capacidad de elección es posible que estemos perdiendo la facultad de ser libres y vivir, simplemente vivir…

Recuerdo las tiras cómicas de Mafalda, esos libritos que leía cuando era pequeña (y no tanto) y me viene la imagen de uno de los mejores personajes de Quino: Libertad. Una niña chiquitita, mucho más chiquitita que Mafalda, incluso si la memoria no me engaña, diría que hasta más chiquita que el propio Guille y la tira de cuando el popular personaje del dibujante y Libertad se encuentran por primera vez.

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Me pregunto en que modo nos estamos resignando a prescindir de la libertad, a ceder, como tantos politólogos y sociólogos se empeñaron en explicar, desde Rosseau hasta Hobbes o Locke, en favor del contrato social, de eso que nos hace vivir en armonía. Para algunos de forma tácita o comprendiendo la bondad inherente del ser humano, para otros por simple miedo al que se encuentra a nuestra derecha y nuestra izquierda, entendiendo a los demás como lobos, naturalmente malvados y dispuestos a depredarnos. ¿Seguimos siendo tan desconfiados y sólo luchamos por nuestra supervivencia social? ¿Encerramos en vez de reinsertar para que todo sea más fácil, más controlado, más sistemático? ¿En que momento dejamos de considerar la libertad un derecho y comenzamos a verla desde la óptica del privilegio?

¿Por qué no hemos enseñado a las nuevas generaciones a hacer uso de su libertad? Escapando de modas, de estereotipos, de exigencias de una sociedad, pactada si, pero a la vista de cualquiera desigual como la que más… En tiempos en los que la propia sociedad se cuestiona los índices de la bolsa, el que el sistema no se autorregulaba tanto como parecía y que poco a poco, quizás el capitalismo no deberíamos haberlo exportado a quien nunca lo pidió, quizás sería momento para comenzar una nueva revolución, desde la base, destinada a poner sobre la mesa todas estas cuestiones, con la meta, aunque sólo fuese por esta vez, de pensar a los muchos millones que pueblan este planeta Tierra y no tanto en quien puso los andamios pensando en beneficios futuros, a cualquier coste.

Una perla periodística

 

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Tras un agradable fin de semana de relajación en las montañas, me disponía a día de hoy, y haciendo pausa de las tareas de trabajo, a dejaros un interesante post sobre mi última pequeña obsesión, al final el tema está teniendo más trasfondo de lo que pensaba, así que tendré que posponer para tener tiempo de documentarme.

Pero para no abandonaros con las manos vacías, quería dedicar un breve, pero no menos importante consejo para recomendaros un libro que leí hace algunos meses, y que cuenta con un pequeño punto en contra: por lo que sé, su autor, hasta el momento publica sólo en italiano. Para los que lo domináis, no lo dejéis pasar, para los demás, pensamiento positivo para que se traduzca algún día.

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El libro en cuestión se llama «La scomparsa dei fatti» (en nuestra lengua, la desaparición de los hechos) de Marco Travaglio, periodista italiano al que también podéis encontrar en el blog de Beppe Grillo, que también os recomiendo (además de que este cuenta con versión en inglés, asequible a millones de almas que pueblan el globo). Travaglio realiza un periodismo certero y de puntería finísima discutiendo diferentes aspectos de la realidad informativa italiana, y es en esta disciplina, uno de los pocos que consigue no resultar nunca de parte y ser crítico tanto con la izquierda como con la derecha, sin que el color de la bandera política repercuta mínimamente en su análisis escrupuloso.

El libro ya destaca en ironía con un subtítulo que reza: se ruega abolir las noticias para no molestar a las opiniones. Y así, el libro desgrana poco a poco como los medios de comunicación en la actualidad tienden a distorsionar la realidad a través de los hechos que la componen, para provocar en la población determinados estados, opiniones y actitudes. Habla, en general, de la política italiana, pero casi todos los conceptos desarrollados son facilmente extrapolables a la mayoría de las sociedades de este mundo globalizado nuestro, que vergonzosamente sigue los mismos patrones, sobre todo en lo que a poderes y manipulaciones se refiere.

Así, dice Travaglio, a nuestros políticos les conviene mantenernos al oscuro de las verdades de sus tejemanejes, y nos venden sentencias de inocencia por lo que en realidad son prescripciones de delitos; situaciones no verificables por sobornos realizados a la persona adecuada, o abogados comunistas, por abogados que no aceptan chantajes… Si, señores, en este mundo en el que la palabra funciona como la estadística, es decir, que sirve a validar cualquier tipo de afirmación, estamos perdidos si quien emite la frase tiene la capacidad controlar lo que pensamos o conocemos de la realidad.

Que les voy a decir sobre una Italia en la que el presidente de gobierno detenta el 98% de la información en circulación. ¿Cómo se puede el pueblo italiano oponer al monopolio de la información? La pluralidad informativa no viene así garantizada por el propio sistema de la información, sino que la misma debe ser completada por el usuario. Si, lo sé. Todos los sistemas tienen fallas, y lo ideal sería que cada uno tuviera un marco sobre el que elaborar la propia concepción de los hechos. Lo cierto es que en Italia, difícilmente se encuentra, más allá de algunos personajes a los que por decir la verdad se les saca de los medios, se les censura o se dificulta la distribución de sus escritos, una información libre o que admita diversidad de enfoque.

Hablamos de un país que tiene uno de los más bajos índices de lectura de periódicos, que en el sur encuentra todavía considerables cifras de analfabetismo, y que sin engañarnos demasiado, tras tres años de gobierno Prodi, ha vuelto a elegir a Berlusconi. Si quieren pautas para afrontar al gigante signo de interrogación que imagino impreso en sus pupilas, no duden en abrir el maravilloso libro de Travaglio.

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